LUNES, 31 DE JULIO DE 2017
El punto sobre la i
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Arturo Damm





“El mercado competitivo, que es la cima de la libertad económica individual, es al mismo tiempo el más estricto de los capataces.”
Robert Heilbroner

Más que al mercado competitivo a lo que se refiere Heilbroner es a los mercados competidos, sobre todo por el lado de la oferta: hay por lo menos dos oferentes que compiten para ganarse el favor de los demandantes, mercados que serán competidos en la medida en que todo aquel, nacional o extranjero (lo que importa es la competencia, no la nacionalidad de los competidores), que quiera participar en algún sector de la actividad económica (produciendo algún bien o servicio, ya sea con capital nacional o extranjero), o en algún mercado de la economía (ofreciendo mercancías, ya sean nacionales o importadas), lo pueda hacer, enfrentando solamente las barreras naturales a la entrada (que son los costos de producción de quienes ya están participando), sin tener que enfrentar barreras artificiales (que son las que arbitrariamente imponen los gobiernos: permisos, regulaciones, etc.).

Allí donde hay mercados competidos se respeta la libertad de los agentes económicos para trabajar, emprender, invertir, producir, distribuir, ofrecer y vender, respeto a dicha libertad que es condición para que se genere la mayor competencia posible (que se da cuando quienes quieren participar enfrentan solamente las barreras naturales a la entrada), para que se produzca lo más posible (condición necesaria para que la escasez se reduzca lo más posible), y para que lo producido se ofrezca al menor precio posible, con la mayor calidad posible, con el mejor servicio posible (condición necesaria para que aumente el bienestar de los consumidores).

Allí donde hay mercados competidos se respeta la justicia y se logra la eficacia. Se respeta la justicia porque se reconoce plenamente, se define puntualmente y se garantiza jurídicamente el derecho a la libertad de los agentes económicos para trabajar, emprender, invertir, producir, distribuir, ofrecer y vender. Por eso dice Heilbroner que dichos mercados son la cima de la libertad económica individual. Se logra la eficacia, que en economía quiere decir producir lo más posible y ofrecerlo al menor precio posible, lo cual reduce la escasez y aumenta el bienestar. Justicia y eficacia, las dos características de los mercados competidos.

La libertad económica individual no debe confundirse con omnipotencia: en los mercados competidos los productores, ofertes y vendedores no pueden hacer lo que más les convenga, por ejemplo, vender al mayor precio posible para obtener ganancias extraordinarias. Si el oferente X, que ofrece en un mercado competido, aumenta el precio, los consumidores tendrán otras opciones a las cuales recurrir para obtener la mercancía a menor precio, y seguramente lo harán, obligando a X a bajar el precio. A esto, en términos generales, es a lo que se refiere Heilbroner al afirmar que el mercado competido es el más estricto de los capataces: impide que los productores, oferentes y vendedores hagan lo que más les conviene (por ejemplo: vender al mayor precio posible, que es el máximo precio que el comprador está dispuesto a pagar), defendiendo los intereses de los demandantes, compradores y consumidores (por ejemplo: comprar al menor precio posible, que es igual al costo de producción del oferente).

La competencia entre oferentes es una amenaza, y precisamente por ello es la manera más eficaz de lograr, en beneficio de los consumidores (y la actividad económica terminal, la que le da sentido a todas las demás, es el consumo, y todos somos consumidores), la trilogía de la competitividad: menores precios, mayor calidad y mejor servicio, algo que muchos políticos, gobernantes, legisladores, con el poder de limitar o eliminar la competencia, no acaban de entender.

Por ello, pongamos el punto sobre la i.


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