LUNES, 7 DE AGOSTO DE 2017
El punto sobre la i
¿Se debe utilizar una parte de las reservas del Banco de México para financiar la reconstrucción?
No
No sé

Arturo Damm








“Las promesas de ayer son impuestos hoy.”
William Lyon Mackenzie King

Lo dicho por Mackenzie es verdad, sobre todo, cuando se trata de las promesas de algún candidato en campaña, independientemente de qué prometa: cualquier promesa cumplida por un político se financió, financia, o financiará, de una u otra manera, con impuestos. Supongamos que gana la elección y que, siendo un hombre de palabra, está dispuesto a cumplir sus promesas, que tendrán que ver, o con garantizar derechos, o con satisfacer necesidades, o con defender intereses. Escrito sea de paso: la única legítima tarea del gobierno es la primera: garantizar los derechos, que realmente lo sean, de los ciudadanos, no satisfacer necesidades (como sucede, entre otros, con el socialismo), mucho menos defender intereses (como sucede, principalmente, con el mercantilismo).

Las promesas de los políticos, legítimas o no, tienen que ver con la provisión de algún satisfactor, por el cual hay que pagar un precio. ¿Quién lo paga? El gobierno. Hasta aquí no encuentro ninguna objeción, al contrario: ¡qué bueno que el gobierno pague por los satisfactores, cualesquiera que sean, que necesiten los ciudadanos! El problema es que las preguntas no llegan hasta aquí, y si hasta aquí llegamos preguntando cometemos un grave error que puede costarnos caro.

Primera pregunta: ¿Quién lo paga? Primera respuesta: el gobierno. Segunda pregunta: ¿de dónde saca el gobierno el dinero para pagarlo? Segunda respuesta: ayer, hoy o mañana, de una u otra manera, de los impuestos, es decir de los bolsillos de los contribuyentes, a quienes el recaudador obliga a entregar parte del producto de su trabajo, que en eso consiste el cobro de impuestos: obligar al contribuyente a entregarle al recaudador parte del producto de su trabajo. ¿Cómo justificar tal arbitrariedad?

Todo gobierno debe proveer algo a los ciudadanos. ¿Qué? Para responder retomo lo dicho en el primer párrafo: la legítima tarea del gobierno es hacer valer los derechos de los ciudadanos, no satisfacer necesidades, mucho menos defender intereses. Para hacer valer los derechos de los ciudadanos el gobierno puede (y debe) cobrar el mismo impuesto a todos para darle lo mismo a todos, de tal manera que no haya redistribución, ni por el lado del ingreso del gobierno (a todos les quita lo mismo), ni por el lado de su gasto (a todos les da lo mismo), lo que no sucede si el gobierno satisface necesidades y/o defiende intereses. En estos dos últimos casos el gobierno debe quitarle más a unos que a otros para darles más a unos que a otros, habiendo redistribución tanto en el cobro de impuestos como en el gasto gubernamental.

Las legítimas tareas del gobierno deben financiarse, como cualquier otra tarea que emprenda, con impuestos. Pero no es lo mismo, sobre todo desde el punto de vista de la justicia, que se le quite lo mismo a todos para darle a todos lo mismo, que se le quite más a unos para darle más a otros. En el primer caso no hay, ¡y no debe haberla!, redistribución del ingreso, en el segundo sí.

El problema es que hoy gobernar se ha vuelto sinónimo de redistribuir, redistribución que es aceptada por la mayoría, incluida en ella muchos liberales que no acaban de entender que la propiedad privada es la condición de posibilidad del ejercicio de la libertad individual, por lo que en la misma medida en la que se limita la primera (y eso, limitar arbitrariamente la propiedad privada es lo que hace el cobro de impuestos con fines redistributivos), se limita la segunda.

Por ello, pongamos el punto sobre la i.


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