LUNES, 21 DE AGOSTO DE 2017
El punto sobre la i
¿A usted le parece buena idea desperdigar el gobierno?
No
No sé

Arturo Damm





“¿Cuál es (debe ser) el resultado de la competencia, sobre todo en el mundo de la economía? La desaparición del incompetente.”
Félix de Jesús

¿Cuáles son, en el ámbito de la economía, los beneficios de la competencia, sobre todo entre productores y oferentes? Menores precios y/o mayor calidad y/o mejor servicio, siempre en beneficio de los consumidores, momento de recordar que consumidores somos todos (aunque no todos consumamos lo mismo), y que el consumo es la actividad económica terminal (la que le da sentido a todas las demás: emprender, invertir, producir, distribuir, ofrecer, vender, etc.).

¿Qué se necesita para que, en todos los sectores de la actividad económica, produciendo bienes o servicios, y en todos los mercados de la economía, ofreciendo satisfactores, se dé la mayor competencia posible? Tres cosas. Primera: que el gobierno permita que todo aquel, nacional o extranjero (lo que importa es la competencia, no la nacionalidad de los competidores), que quiera participar en algún sector de la actividad económica produciendo bienes o servicios (con capital nacional o extranjero) lo pueda hacer. Segunda: que el gobierno permita que todo aquel que quiera ofrecer bienes (nacionales o importados), en cualquier mercado de la economía lo pueda hacer. Tercera: que el gobierno prohíba, detecte y sancione prácticas monopólicas, tanto absolutas (convenios entre oferentes competidores entre sí, con el objetivo de manipular precios o cantidades, repartirse el mercado, o coordinar posturas en licitaciones), como relativas (acuerdos entre oferentes que tienen poder sustancial en un mercado relevante, con la intención de desplazar indebidamente a otros oferentes, impedirles su acceso, o establecer ventajas exclusivas a favor de uno o varios oferentes).

El objetivo de la competencia es que los productores y oferentes logren, en beneficio de los consumidores, la trilogía de la competitividad: menores precios, mayor calidad y mejor servicio, partiendo del hecho, que además es un principio ético, de que la producción y la oferta están (el hecho) y deben estar (el principio ético) en función y al servicio de la demanda y el consumo. El hecho: productor y/u oferente que no produce y/u ofrece lo que el consumidor quiere consumir es expulsado, por esos mismos consumidores, del mercado. El principio ético: el productor y/u oferente no solo debe producir y/u ofrecer lo que el consumidor quiere, sino que debe hacerlo al menor costo posible (en el caso de la producción) y al menor precio posible (en el caso de la oferta), para lo cual se requiere que, en todos los sectores de la actividad económica, y en todos los mercados de la economía, se dé la mayor competencia posible, para lo cual resulta indispensable lo señalado en el párrafo anterior, con un corolario indispensable: que los productores y/u oferentes incapaces de lograr la trilogía de la competitividad, y por lo tanto incapaces de permanecer en el mercado sirviendo al consumidor como el consumidor quiere ser servido, desaparezcan sin que el gobierno se “apiade” de ellos y los “rescate”, algo que siempre lleva a cabo pasándoles la factura a los contribuyentes, quienes se ven obligados a mantener a un productor y/u oferente al cual, en su calidad de consumidores, ya no están dispuestos a mantener, lo cual es injusto (desde el punto de vista de la ética) e ineficaz (desde la perspectiva de la economía).

La competencia es buena, entre otras cosas, porque logra que los productores y/u oferentes incompetentes desaparezcan del mercado y sean sustituidos por  productores y/u oferentes capaces de servir mejor, en términos de precio, calidad y servicio, a los consumidores, algo que muchos no acaban de entender, porque no acaban de entender que el consumo es el fin y la producción el medio, y que el medio debe estar en función del fin, no al contrario, tal y como lo conciben mercantilistas y proteccionistas.

Por ello, pongamos el punto sobre la i.


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