JUEVES, 11 DE ENERO DE 2018
El punto sobre la i
¿Quién cree usted que ganará la elección presidencial?
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Otro

Arturo Damm








“El que un bien sea un derecho no lo hace realidad.”
Anónimo

Una de las causas de la expansión del gobierno es la arbitraria identificación de necesidades e intereses con derechos, sobre todo de necesidades, comenzando por las básicas: alimentación, atención médica, educación, etc.

Dada que la legítima tarea del gobierno es garantizar los derechos de los ciudadanos, si se definen ciertas necesidades como derechos (derecho a los alimentos, derecho a la atención médica, derecho a la educación), entonces el gobierno adquiere la obligación de proveer esos satisfactores (alimentos, atención médica, educación), con el fin de satisfacer las necesidades correspondientes (hambre, enfermedad, ignorancia). Pero entre garantizar derechos y proveer satisfactores hay una diferencia esencial, que tiene que ver con la redistribución del ingreso.

Garantizar derechos, que realmente lo sean (por ejemplo: a la vida, la libertad y la propiedad), no implica ningún tipo de redistribución del ingreso: el gobierno debe cobrarle a todos el mismo impuesto (no hay redistribución por el lado de la recaudación), para defender todos los derechos de todos (no hay redistribución por el lado del gasto). No hay redistribución ni en el quitar (a todos se les quita lo mismo), ni en el dar (a todos se les da por igual). Todo esto tiene que ver con las tres tareas que el gobierno debe hacer, con todos, por igual: prohibir la violación de derechos; castigar a quien los viole; obligar al violador a resarcir por el daño ocasionado.

Por el contrario, satisfacer necesidades, para lo cual el gobierno debe disponer de los satisfactores, sí implica redistribución del ingreso: el gobierno debe quitarle a A lo que, por ser producto de su trabajo, es de A, para darle a B lo que, por no ser producto de su trabajo, no es de B. El gobierno quita cobrando impuestos con fines redistributivos y da ejerciendo el gasto social. Lo que el gobierno hace es obligar a A, indirectamente, por su intermediación (la del gobierno), a ayudar a B. La injusticia no está en el ayudar sino en el obligar a ayudar.

Que un bien (por ejemplo: la comida) sea un derecho (por ejemplo: algo que con relación al hambriento suponga una obligación del gobierno), no lo hace realidad (por ejemplo: el que A tenga derecho a la comida no hace que ésta aparezca en su plato espontáneamente, sin esfuerzo de alguien, sin trabajo de algún tipo), tal y como lo señala el autor anónimo de la frase, de entrada porque una cosa es un bien, un satisfactor (por ejemplo: comida), y otra distinta un derecho (por ejemplo: algo que con relación a A supone una obligación de B).

Una de las causas de la expansión del gobierno es la arbitraria identificación de necesidades con derechos, derechos que el gobierno debe garantizar, necesidades que, identificadas como derechos, el gobierno debe satisfacer, para lo cual debe disponer de los satisfactores, que son bienes y servicios escasos: no alcanzan para todos, menos en las cantidades que cada uno quisiera, y mucho menos gratis, por lo que ningún gobierno es capaz de darle todo a todos, razón por la cual solo le da algo a algunos, y eso algo que a algunos les da previamente se lo tuvo que haber quitado a alguien más.

La expansión de la que hablo es la expansión del gasto gubernamental y, por ello, del cobro de impuestos, que ha alcanzado un grado claramente incompatible con el respeto a la propiedad privada y, dado que ésta es la condición de posibilidad de su ejercicio, también con el respeto a la libertad individual.

Por ello, pongamos el punto sobre la i.


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