MIÉRCOLES, 24 DE JULIO DE 2019
El punto sobre la i
¿Usted considera que las acciones del actual gobierno concuerdan con sus propuestas de política industrial?
No
No sé

Arturo Damm





“El propósito de la política de bienestar debería ser la eliminación, tanto como sea posible, de la necesidad de tal política.”
Ronald Reagan

¿Cuál debe ser el objetivo de la política de bienestar, posible gracias a la redistribución del ingreso, con el gobierno quitándole a Pedro lo que, por ser producto de su trabajo, es propiedad de Pedro, para darle a Juan lo que, por no ser producto de su trabajo, no es propiedad de Juan, tratándose de una expoliación legal?

La respuesta de Reagan es: la eliminación de la necesidad de tal política, que seguirá siendo necesaria mientras siga habiendo pobres y mientras se siga creyendo que el gobierno tiene la obligación de satisfacer las necesidades insatisfechas de los pobres, por lo menos las básicas, aquellas que, de quedar insatisfechas, atentan contra la vida, salud y dignidad de las personas, creencia compartida por todos los gobernantes, independientemente de su filiación política o simpatía ideológica. A la prueba me remito: hoy gobernar es sinónimo de redistribuir, y basta revisar los prepuestos de egresos de los gobiernos para confirmarlo.

Tres pueden ser los objetivos de las políticas de bienestar: que los pobres empeoren, que se queden igual, que mejoren. El fin debe ser el tercero, que a su vez puede tener dos objetivos: que los pobres mejoren porque el gobierno los provee de los satisfactores indispensables para que satisfagan correctamente sus necesidades, o que mejoren porque ya son capaces, por sí mismos, gracias a un trabajo suficientemente remunerado, de acceder, por la vía del mercado (comprándolos), a dichos satisfactores, para lo cual la política de bienestar debe estar encaminada, no sólo a proveer de manera inmediata de satisfactores a los pobres, sino de dotarlos de las capacidades necesarias para poder realizar trabajos adecuadamente remunerados, capacidades que forman el capital humano, el conjunto de conocimientos, habilidades y actitudes que le permiten a la persona realizar trabajos suficientemente remunerados.

El fin de la política de bienestar debe ser que los pobres mejoren su condición porque llegan a ser capaces, gracias a un trabajo suficientemente remunerado, de acceder, por la vía del mercado, a los bienes y servicios indispensables para satisfacer correctamente sus necesidades básicas. Si se logra este objetivo la necesidad de la política de bienestar desaparece, y lo hace por haber sido exitosa.

La pregunta es si en una democracia, en la cual el acceso al poder político depende del voto de la gente, voto que puede depender de lo que el gobierno les dé a los ciudadanos, sobre todo a los necesitados, la política de bienestar se practica con la intención de que los pobres dejen de serlo gracias al trabajo propio, o se ejerce con la intención de que no dejen de serlo gracias al trabajo propio, para que sigan dependiendo de las dádivas del gobierno, lo cual crea clientelas políticas, electores cautivos, dependientes para la satisfacción de sus necesidades de la redistribución del ingreso, de que el gobierno le quite a quien tiene más para darle a quien tiene menos, sin olvidar que siempre habrá quien tenga más, por lo que siempre habrá quien tenga menos, lo cual puede llevar a desear la igualdad, por lo menos de satisfactores.

Al margen de la pregunta por el propósito de la política de bienestar hay otra más importante. La pregunta por la justicia de dichas políticas, basadas en la redistribución del ingreso, en la expoliación legal, en la violación al derecho de propiedad, en no reconocer que la persona tiene el derecho al producto íntegro de su trabajo.

Por ello, pongamos el punto sobre la i.


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