MARTES, 26 DE NOVIEMBRE DE 2019
El punto sobre la i
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Arturo Damm





“Los derechos individuales no imponen al poder público un deber de acción, sino de simple abstención. No exigen del Estado que obre sino que respete.”
Ignacio L. Vallarta

Lo primero que uno puede decir, partiendo de lo dicho por Vallarta, es que el Estado, en general, y los gobiernos, en particular, sí tienen un deber de acción con relación a los derechos individuales, que para empezar son los derechos naturales de la persona a la vida, la libertad y la propiedad, y que ese deber consiste en reconocerlos plenamente, definirlos puntualmente y garantizarlos jurídicamente, todo lo cual es necesario para que los haga respetar y para castigar a quienes no lo hagan, dado por hecho que él debe ser el primero en respetarlos.

La tarea esencial del gobierno, la que lo justifica, es hacer respetar los derechos de los ciudadanos, para lo cual debe ser el primero en respetarlos, para lo cual, como dice Vallarta, solo debe abstenerse. ¿De qué? De violarlos. No debe hacer algo sino no hacer algo: no matar, respetar el derecho a la vida; no escalvizar, respetar el derecho a la libertad individual; no robar, respetar el derecho a la propiedad privada.

Llegados a este punto podríamos concluir que si el gobierno debe no hacer algo, entonces no tiene razón de ser. ¿Qué sentido tiene contar con una institución cuya tarea es no hacer algo? La repuesta está en el hecho de que el gobierno sí debe hacer algo, cuyo resultado es la convivencia civilizada: garantizar el respeto a los derechos de los ciudadanos, lo cual implica reconocerlos plenamente, definirlos puntualmente y garantizarlos jurídicamente, lo cual a su vez implica prohir su violación, obligar a quien los viola a resarcir a la víctima, castigar al violador. Todo ello tiene que ver con la justicia, con el respeto al derecho ajeno, cuyo resultado es la convivencia civilizada.

Entonces, lo dicho por Vallarta, ¿no tiene sentido? No, sí lo tiene, y es algo que, sobre todo hoy, cuando el Estado de Derecho está degenerando en Estado de derechos, debe tenerse en cuenta, porque el Estado de derechos convierte al Estado de Derecho en Estado de chueco. ¿Por qué? Por la arbitraria identificación de necesidades con derechos.

La tarea esencial del gobierno es garantizar el respeto a los derechos de los ciudadanos. ¿Qué sucede cuando, de manera arbitraria, se define una necesidad como un derecho? Que entonces el gobierno tiene la obligación de satisfacerla. Pero una cosa es garantizar un derecho, lo cual supone prohibir su violacion y castigar a quien lo viole, obligándolo a resarcir a la víctima, y otra muy distinta satisfacer una necesidad, para lo cual el gobierno debe proveer el satisfactor, momento de recordar que no hay nada que el gobierno le dé a alguien que previamente no se lo haya quitado a alguien más, lo cual quiere decir que cuando el gobierno, creyendo garantizar un derecho, lo que realmente hace es satisfacer una necesidad, le quita a Pedro para darle a Juan, practicando lo que Federico Bastiar llamó expolicaión legal: la violación del derecho a la propiedad de Pedro para satisfacer la necesidad de Juan.

Parafraseando a Vallarta podemos decir que los derechos individuales le imponen al gobierno la obligación de garantizarlos, lo cual implica que los respete (el no hacer algo: no violarlos) y que los haga respetar (el sí hacer algo: prohibir su violación, obligar a quien los viole a resarcir a la víctima, castigar al violador).

Respetar los derechos de los demás, sobre todo los tres naturales a la vida, libertad y propiedad, ya se trate del gobierno, ya de cualquier ciudadano, supone el no hacer algo, y éste es el sentido que tiene la frase de Vallarta, que no agota el quehacer del gobierno con relación a los derechos de las personas, debiendo tomarse en cuenta la otra parte, el sí hacer algo, el hacerlos respetar, sobre todo tratándose del gobierno.

Por ello, pongamos el punto sobre la i.


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