LUNES, 6 DE ENERO DE 2020
El punto sobre la i
Según usted, ¿cómo le está yendo a la economía mexicana?
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Arturo Damm





“Al hombre se le puede arrebatar todo salvo una cosa: la última de las libertades humanas, la elección de la actitud personal que debe adoptar frente al destino, para decidir su propio camino.”
Viktor Frankl

La libertad consiste en la facultad para decidir y elegir, aquello que podemos decidir y elegir, que no es todo, pero sí, como lo señala Frankl, lo más importante: la actitud frente a las circunstancias, que es la actitud frente a la vida, frente a mi vida, frente a mí mismo.

Hay situaciones que no son resultado de nuestras decisiones o elecciones, sino del destino, de la suerte, de las circunstancias, de todo aquello que está fuera del alcance de nuestra libertad, de nuestro poder para decidir y elegir. Pero lo que siempre será consecuencia de nuestras decisiones y elecciones, de nuestra libertad, es nuestra respuesta frente a esas situaciones. Se trata, como la llama Frankl, de la última de las libertades, que yo considero la primera.

De lo dicho por Frankl me llaman la atención dos puntos. Primero: habla de la actitud personal que se debe adoptar, sobre todo ante situaciones adversas. Segunda: habla de decidir el propio camino, ante todo frente a condiciones desfavorables.

Frente a situaciones adversas hay muchos caminos que pueden elegirse, pero solo uno que debe elegirse, para lo cual previamente hay que decidir elegirlo. En términos generales, ¿cuál es ese camino, el que debe elegirse? El que es acorde con la dignidad de la persona. Una persona puede encontrarse, por causa de circunstancias negativas, del destino adverso, de la mala suerte, en una situación indigna, pero su actitud frente a la misma debe ser digna, y debe serlo porque puede serlo, es decir, porque la persona puede decidir tener una actitud digna, que podrá no resultar fácil, pero que es la que va con su dignidad.

Aún en situaciones adversas el ser humano puede elegir su camino, que no consiste, al final de cuentas, o por principio de ellas, en el camino que ha de seguirse, sino en la manera en la que debe transitarse. Podrán llevarnos por el camino que no hemos elegido, pero no podrán impedir que, si así lo decidimos, lo recorramos con dignidad, y no podrán porque esa libertad, que Frankl llama la última, y que yo considero la primera, no nos la pueden arrebatar. Si la perdemos es porque nosotros, por ignorancia, por miedo, por una conveniencia mal entendida, la hicimos de lado, con una ventaja: el no haber decidido actuar de manera digna frente una situación indigna no elimina nuestra capacidad para decidir y elegir, que sigue allí. Como decía Sartre: el ser humano está condenado a ser libre. La única libertad que no tenemos es la libertad para decidir dejar de ser libres.

Insisto: el que yo no decida, no elija, no implica que haya perdido la facultad para decidir y elegir, implica que no la uso, y ello hasta cierto punto, porque si decido no decidir estoy decidiendo no decidir, decisión que tengo que realizar una y otra vez, sobre todo si aceptamos que vivir significa, para el ser humano, un proceso constante de decisiones y elecciones, que él, o alguien más (el caso de los recién nacidos o de los ancianos discapacitados), debe realizar. Vivir es decidir y elegir y, más importante, decidirse y elegirse, y el primer reto de la libertad es el de decidir elegir lo que, en cada circunstancia, debe elegirse. Y lo que debe elegirse es lo que va con la dignidad de la persona, lo que hace que la vida valga la pena. Ello depende de la libertad que Frankl considera la última y yo la primera: nuestra actitud frente a la vida, que siempre es nuestra vida, actitud que cada uno elige.

Por ello, pongamos el punto sobre la i.


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