LUNES, 20 DE ENERO DE 2020
El punto sobre la i
¿La cancelación de la construcción de la planta de Constellation Brands en Mexicali representa un punto de quiebre entre el gobierno y los empresarios?
No, habrá más proyectos
Definitivamente

Arturo Damm





“¿Es que Dios quiere prevenir el mal, pero no es capaz? Entonces no es omnipotente. ¿Es capaz, pero no desea hacerlo? Entonces es malévolo. ¿Es capaz y desea hacerlo? ¿De dónde surge entonces el mal? ¿Es que no es capaz ni desea hacerlo? ¿Entonces por qué llamarlo Dios?”
Epicuro

Para empezar, si es que hemos de aclarar el asunto, hay que distinguir entre el mal producto de la naturaleza, desde enfermedades hasta terremotos, y el mal consecuencia de la conducta humana, desde las guerras hasta los delitos, y centrar la atención en el segundo, al que se le conoce como mal moral.

Las preguntas de Epicuro, quien vivió entre 341 y 270 A.C, siguen siendo pertinentes hoy, 2 mil 300 años después, y lo seguirán siendo dentro de otros 2 mil 300 años, preguntas que tienen este común denominador: ¿por qué, existiendo Dios (doy por supuesta su existencia), existe el mal moral?

Siendo Dios omnipotente, basta que no quiera el mal moral para que no se produzca. Sin embargo, existe.

Siendo Dios omnibondadoso, no puede querer el mal, comenzando por el moral. Pese a ello, se da.

Si Dios no puede querer el mal moral (omnibondad), y además puede evitarlo (omnipotencia), ¿cómo explicarlo? Primera posibilidad (relacionada con la última pregunta que se hace Epicuro, ¿por qué llamarlo Dios?), Dios no existe, afirmación ilógica: el Universo, nosotros incluidos, debe ser el efecto de una causa, misma que no puede ser, a su vez, efecto de otra causa, lo cual nos llevaría a un imposible: una serie infinita de causas. ¿Conclusión lógica? Existe una causa eterna, que debe ser un Alguien, con el poder suficiente para crear de la nada (omnipotencia), creación que, por ser obra de Dios, no se da de manera necesaria sino contingente, es decir, por amor (omnibondad). A ese Alguien le llamamos Dios.

Si Dios existe y es omnipotente y omnibondadoso, ¿cómo explicar la existencia del mal moral, que en algunos momentos de la historia ha alcanzado niveles inconcebibles, al grado de que algunos, aceptando la existencia de Dios, le han pedido cuentas por haber permitido tanta atrocidad? La única respuesta posible es: por respeto a la libertad del ser humano, lo cual nos da una idea de lo importante que es esa facultad que tenemos para decidir, inclusive entre el bien y el mal.

Otra posibilidad, ya contemplada por Leibniz, es que Dios, creador de todo, sería también el creador del mal moral, lo cual, de ser cierto, eliminaría la dimensión de responsabilidad ética del ser humano, por lo que éste dejaría de ser tal (tema que no tengo espacio para tratar aquí).

Si Dios, omnipotente y omnibondadoso, permite el mal moral, se debe al respeto que le tiene a la libertad del ser humano. Aceptando la existencia de Dios (y negarla es más absurdo que el supuesto “absurdo” de aceptarla), no encuentro otra respuesta lógica al dilema planteado por Epicuro y muchos otros filósofos, desde San Agustín hasta Leibniz. Y si Dios respeta la libertad del ser humano a tal grado, ¿quiénes somos nosotros para no hacerlo, salvo en el caso en que se use para violar los derechos de los demás?

Por último. Una cosa es, dada la existencia de Dios omnipotente y omnibondadoso, explicar el mal moral y otra muy distinta justificarlo. Yo intento hacer lo primero, de ninguna manera lo segundo. Explicarlo no implica justificarlo.

Por ello, pongamos el punto sobre la i.


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