MARTES, 28 DE ENERO DE 2020
El punto sobre la i
¿A quiénes deben ir dirigidos los apoyos por parte del gobierno en ésta crisis provocada por el Covid19?
A las personas
A las empresas
Sólo a las Pymes
A todos
A nadie

Arturo Damm





“Votar es el método de obtención del poder legal para coaccionar a los demás.”
Robert LeFevre

Coaccionar: ejercer coacción sobre alguien. Coacción: fuerza o violencia que se ejerce sobre alguien para prohibirle que haga algo, o para obligarlo a que haga algo, o para castigarlo en caso de que haga lo que no debe o de que no haga lo que sí debe.

De las tres formas de coacción, ¿cuáles se justifican? Para responder veamos cuáles son las cuatro maneras de combinarlas. 1) Prohibir dañar a los demás y castigar a quien lo haga (primera combinación prohibir/castigar). 2) Prohibir dañarse a uno mismo y castigar a quien lo haga (segunda combinación prohibir/castigar). 3) Obligar a hacerle el bien a los demás y castigar a quien no lo haga (primera combinación obligar/castigar). 4) Obligar a hacerse el bien a uno mismo y castigar a quien no se lo haga (segunda combinación obligar/castigar).

De las cuatro combinaciones, ¿cuáles se justifican? Para responder pregúntense en qué casos se justifica el uso de la fuerza para prohibir, obligar y castigar. En qué casos el uso de la fuerza, ya sea del vecino, ya del gobierno, es legítimo y en cuáles no. Solo en uno: la defensa de los derechos, que tiene que ver con la primera combinación: prohibir dañar a los demás y castigar a quien lo haga. Las otras posibilidades – dañarse o no uno mismo, hacerle o no el bien a los demás, y hacerse o no el bien uno mismo – deben dejarse a la libre decisión de cada quien, por lo que no deben sujetarse a votación, razón por la cual no deben entrar al ámbito de “lo democrático”, a la esfera de “la voluntad de la mayoría”, ¡como tampoco debe entrar la primera posibilidad!

Entonces, ¿qué es lo que debe decidirse democráticamente? No qué debe hacer el gobierno (independientemente de lo que piense la mayoría el gobierno debe prohibir dañar a los demás y castigar a quien lo haga) y qué no debe hacer (al margen de lo que opine la mayoría el gobierno no debe, ni prohibir dañarse a uno mismo y castigar a quien lo haga, ni obligar a hacerle el bien a los demás y castigar a quien no lo haga, ni obligar a hacerse el bien a uno mismo y castigar a quien no se lo haga), sino quién debe hacer lo que el gobierno debe hacer. La decisión democrática, en función de la voluntad de la mayoría, no debe estar en el ámbito del qué, sino en el campo del quién. Cuando se pasa del quién al qué sucede lo que señala LeFevre: el voto de los ciudadanos se convierte en el método legal para coaccionar a los demás, para prohibirles hacerse el mal y castigarlos si no obedecen; para obligarlos a hacerle el bien a los demás y sancionarlos si desobedecen; para obligarlos a hacerse el bien y reprenderlos si no lo hacen.

La primera pregunta que debemos hacer al hablar de democracia es ¿qué debe decidirse de manera democrática y qué no? Para ayudar a encontrar la repuesta (que hay que encontrar, no inventar) vale la pena considerar las cuatro posibles maneras de combinar los tres poderes del gobierno, y preguntarnos en qué casos se justifica ejercerlos sobre los ciudadanos, teniendo en cuenta que, como dijo Federico Bastiat, “la ley es la fuerza y, consiguientemente, el campo de acción de la ley no debe extenderse más allá del legítimo campo de acción de la fuerza”, y, como lo señaló Ayn Rand, “no puede haber semejante cosa en las leyes o en la moral: acciones prohibidas a un individuo y permitidas a una muchedumbre”, muchedumbre que bien puede ser el gobierno, gobierno que hoy hace cosas que nadie le consentiría a un individuo, ni aunque contara con el apoyo de la mayoría: prohibir dañarse a uno mismo y castigar a quien lo haga; obligar a hacerle el bien a los demás y castigar a quien no lo haga; obligar a hacerse el bien a uno mismo y castigar a quien no se lo haga.

Por ello, pongamos el punto sobre la i.


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