MARTES, 19 DE SEPTIEMBRE DE 2006
¿Y ahora qué?

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“AMLO se ha convertido en una bendición y en una maldición para la izquierda. Por una parte es el líder que la ha llevado a la mejor posición electoral en la historia del país. Pero es también el que amenaza con reducirla nuevamente a su tradicional papel de marginalidad.”


¿Y ahora qué? Ésa es una pregunta que tiene que hacerse la izquierda de nuestro país. Andrés Manuel López Obrador se ha convertido en una bendición y en una maldición para ella. Por una parte es el líder que la ha llevado a la mejor posición electoral en la historia del país. Pero es también el que amenaza con reducirla nuevamente a su tradicional papel de marginalidad.

 

López Obrador sabe ocultar muy bien sus derrotas. El prolongado bloqueo del Paseo de la Reforma y el centro histórico de la ciudad de México tuvo un costo político enorme para él y para el PRD. Por otra parte, el candidato de la coalición Por el Bien de Todos en Tabasco, Raúl Ojeda, que llevaba una cómoda ventaja hasta hace un par de meses, hoy se encuentra ya atrás del abanderado del PRI.

 

En las encuestas de opinión López Obrador, que a principios del 2006 llegó a tener los mayores índices de aceptación de cualquier político del país, está registrando hoy niveles de rechazo –39 por ciento según la encuesta de GEA/Isa-- que antes sólo tenía Roberto Madrazo. Pero, a pesar de todo, López Obrador no sólo sigue insistiendo que él ganó la elección del 2 de julio sino que ahora afirma representa el sentir de todos los mexicanos excepto los corruptos.

 

Este pasado fin de semana López Obrador decidió presentarse en el Zócalo y competir con el presidente de la república en su propia ceremonia del grito. La idea era retar al presidente. Tomó también la decisión de permitir el desfile militar del 16 de septiembre, pero convocó inmediatamente después a una Convención Nacional Democrática para considerar la creación de un gobierno alterno y quizá hacerse nombrar presidente de la república.

 

No sé en el momento de escribir estas notas cuál haya sido el resultado de los acontecimientos de este complejo fin de semana. Muchas cosas sorprendentes pueden ocurrir. Pero no me cabe duda de que a partir de hoy, 17 de septiembre, el PRD y los demás grupos de izquierda de nuestro país tendrán que empezar a tomar decisiones importantes.

 

En la mayoría de los países europeos, y en algunos de Sudamérica, ha surgido una nueva generación de políticos de izquierda que buscan transformar sus sociedades y combatir la pobreza pero sin abandonar las instituciones de la democracia. Los nuevos socialistas de España y Chile son ejemplos claros. López Obrador, sin embargo, está llevando su lucha por un cauce distinto. Su preocupación es alcanzar la silla presidencial a cualquier costo. Su desprecio por las instituciones democráticas del país lo señala.

 

López Obrador ha tomado ya su decisión. Él siente que no hay otra oportunidad. Es el poder hoy o nunca. Su estrategia está diseñada para doblegar al gobierno de la república, aun cuando al hacerlo genere daños económicos al país y a los más pobres entre los mexicanos.

 

Pero hay otras opciones. Está el camino de la democracia, que es el que ha demostrado ser mejor en los países del mundo que realmente han logrado avanzar.


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