Práctica económica
Oct 2, 2006
Juan Carlos Leal

La vorágine presupuestaria

La política social es una verdadera pesadilla burocrática que requiere de más y más presupuesto para demostrarse a sí misma que es necesaria.

El presidente electo se verá forzado a ampliar las políticas sociales y hacer de éstas su eje de gobierno, coinciden analistas, politólogos, políticos y hasta periodistas; éste es el gran logro de López Obrador, subir el tema hasta hacer prioridad. Pero esto es de todas una gran mentira, desde 1988 Carlos Salinas De Gortari hizo de este su tema de campaña y por ello se inventaron la multitud de oficinas y programas que hoy hacen del gasto social hasta un 70% del gasto de gobierno, ya que se consideran dentro de éste las acciones de salud, seguridad social, educación, pobreza y hasta vivienda. El gran resultado: muchos premios internacionales pero un solo fracaso, sigue habiendo pobres, sigue habiendo carencias, sigue habiendo problemas, todos derivados no de el monto sino de la calidad de los recursos, el gobierno estorba a los pobres y a los ricos, es muy ineficiente y el esfuerzo presupuestal se pierde en burocracias e ineficiencias.

 

Pero ante la “idea–eslogan” de que los pobres son primero, los asistencialistas, políticos e incluso las “organizaciones” de la sociedad civil ven un gran botín no sólo político sino presupuestal. Entonces la nueva administración tratará por todos los medios de hacer que el dinero llegue a los pobres, que han demostrado en la pasada elección que siguen votando por el PRI y todo parece indicar que lo seguirán haciendo, así que el tema es relevante para muchos políticos y por ello se abrirán las arcas para el asistencialismo, no para una verdadera política contra la pobreza, que pasar por ser eficientes, atraer inversiones, producir más y con ello generar más ingreso, sin desestabilizar las variables macroeconómicas.

 

Una breve evaluación, con datos duros o “piratas”, de los programas sociales muestra que tras 18 años de las mismas políticas de subsidio, dádivas, atención médica y alimentaria, la pobreza extrema no ceja y la de capacidades sigue incrementándose, mientras que la clase media ha crecido, pero lo que más crece es el ingreso proveniente del ingreso informal. Razones para ello están en la ineficiencia del gobierno que gasta mucho dinero para hacer “realidad” estos programas, mientras que al mismo tiempo es incapaz de construir un país seguro y un ambiente de negocios favorable. De esta forma parece evidente que la política social no es el resultado de políticas para paliar los estragos del neoliberalismo, como muchos intelectuales y políticos de izquierda han dicho, sino que es una verdadera pesadilla burocrática que requiere de más y más presupuesto para demostrarse a sí misma que es necesaria, porque resultados los hay y con un niño que salga de la pobreza estamos justificados, entonces hay que meterle más dinero, más estructura burocrática, más estudios, más, más, más... así la vorágine presupuestaria está completa, más dinero público para sacar a los pobres de la pobreza al costo que sea, son prioridad. Pero los beneficiarios que han salido de la pobreza alimentan las filas de la migración, o ¿alguien puede demostrar qué pasa con un niño que fue beneficiario de Progesa y sale con preparatoria terminada en la sierra de Oaxaca que no sea que migrará o a Can Cun, o a la ciudad de México o al sur de California?

 

Así pues falta mucho por hacer para que el país pueda ser competitivo en términos regulatorios, fiscales, educativos o de infraestructura, que son las herramientas que países como Corea del Sur, Nueva Zelanda, Estonia, incluso China o India han instrumentado contra la pobreza. Es decir, la apuesta es hacia el crecimiento económico sólido y no a crear programas de asistencia que se comen el magro ingreso presupuestal de nuestro país. Dicho de otra manera, seguimos metiendo dinero bueno al malo y no somos capaces de cambiar las condiciones de la ecuación del crecimiento, la productividad y la competitividad.



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Arturo Damm Arnal
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