VIERNES, 9 DE FEBRERO DE 2007
Hillary

¿Usted participará en la consulta sobre la construcción del nuevo aeropuerto en la ciudad de México?
No



“Si imprimir dinero ayudase a la economía, falsificar moneda debería ser legal.”
Brian Wesbury

Manuel Suárez Mier







“Concita las reacciones más apasionadas en su contra, curiosamente de ambos extremos del escenario: los conservadores la odian y la extrema izquierda la considera una traidora.”


Siguiendo con la revisión de los candidatos presidenciales para el 2008 en EU que inicié en días pasado con los dos principales contendientes del Partido Republicano, procedo hoy a hacer lo propio con la aspirante puntera en la atiborrada lista de Demócratas, Hillary Rodham Clinton.

 

Hace casi exactamente seis años, a finales de enero del 2000, publiqué tres Aquelarres Económicos dedicados a analizar la ideología y las posibilidades de postularse exitosamente de la entonces bisoña senadora por Nueva York.

 

Desde entonces era claro que Hillary estaba ya en un proceso de desplazamiento ideológico al centro del espectro político, lo que hizo con tal eficacia que alienó a parte de sus antiguos aliados en la izquierda del Partido Demócrata, sobre todo por su decidido apoyo a la guerra de Irak.

 

Sin embargo, al releer mis textos, que hacen una detallada revisión de las posiciones ideológicas y de la agenda política de la senadora Clinton desde su época estudiantil hasta su desempeño como Primera Dama, surge con nitidez una especie de Lady Macbeth de férrea y ambiciosa personalidad, pocos escrúpulos y el más completo rechazo a la economía de mercado.

 

A continuación resumo sus principales propuestas en políticas públicas:

 

·         En educación, plantea que entidades gubernamentales remplacen a los padres de familia porque la educación de los niños debe ser una “labor colectiva.” Al respecto, compara el matrimonio “con la esclavitud.”

 

·         Fue incansable promotora del estado benefactor y enemiga de los intereses empresariales.

 

·         El sistema de cobertura médica que diseñó en la primera administración de su marido (1992-96), era una maraña de entidades y controles burocráticos que consiguió un rechazo en el senado con 99% de votos en contra y una abstención, y le costó a los Demócratas el control del Congreso.

 

La pregunta pertinente ahora es si Hillary aprendió de sus errores y efectivamente se corrió al centro o si la moderación política que ha cultivado como senadora con tanto esmero, es tan solo una impostura para conseguir los votos suficientes para alcanzar la Presidencia.

 

En su autobiografía de 2003 Living History en la que resalta sus años en la Casa Blanca y sus primeras experiencias en el Senado, Hillary tiene éxito en presentarse ante sus lectores como una persona introspectiva y seria, que aprendió de sus experiencia previas y que se aleja de su pasado extremismo.

 

Su intención con este largo libro (562 páginas) es ampliar su base de apoyo dando por sentado que cuenta ya con el favor de su partido, de las mujeres con educación universitaria y de las minorías étnicas, por lo que ahora enfatiza sus valores tradicionales para atraer a nuevos adeptos, como su fe religiosa, su buena relación con su madre y su hija, y su empeño en salvar su matrimonio.

 

Clinton fue la primera entre los candidatos presidenciales en anunciar que no aceptaría dinero del erario y que tiene la intención de conseguir 75 millones de dólares antes de las elecciones, aunque el ingreso a la contienda del senador negro Barack Obama ha empezado a minar el apoyo de donadores que Hillary consideraba seguros, como el millonario especulador George Soros.

 

En la búsqueda del centro político que ahora procura, con respecto a México Hillary ha hecho propuestas moderadas pero discordantes. En materia migratoria ha expresado su apoyo por reformas constructivas pero también por una valla “inteligente” y presionar a México a hacer “mucho más” para detener el flujo de ilegales.

 

Yo no tengo la menor duda que la senadora Clinton será una candidata formidable, pero también es quien concita las reacciones más apasionadas en su contra, curiosamente de ambos extremos del escenario: los conservadores la odian y la extrema izquierda la considera una traidora.


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