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Mar 28, 2008
Daniel Ikenson

Comercio: Demócratas confunden

El comercio internacional ha sido vital para el éxito del sector manufacturero estadounidense y para la economía en general. Quien sea que sea el próximo presidente ya lo sabe. El problema es que dos de los candidatos a la presidencia continúan pretendiendo otra cosa.

Uno no necesita mirar más allá de la campaña presidencial estadounidense para comprender por qué el país está experimentando una reacción popular en contra del comercio internacional. En lugar de mostrar liderazgo y articular una alternativa constructiva al ataque al comercio, los senadores Barack Obama y Hillary Clinton están intensificando este ataque.

 

La narrativa anti-comercio de estos candidatos depende en aseveraciones desacreditadas preparadas para engañar y confundir. Primero está la aseveración de que la competencia con las importaciones explica la reducción del sector de manufacturas estadounidense, incluyendo la pérdida de trabajos. Segundo está el argumento de que los tratados comerciales, como el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), han causado que aumente el déficit comercial estadounidense, lo cual significa que estamos perdiendo en lo que respecta al comercio.

 

Pero el sector de manufacturas estadounidense no está en declive. En realidad lo contrario es cierto. La producción, los ingresos y las ganancias del sector todos lograron récords en 2006, y la información preliminar del gobierno indica que nuevos récords fueron logrados en 2007. Las fábricas estadounidenses siguen siendo las más prolíficas del mundo, produciendo 2,5 veces el valor de la producción china.

 

El empleo en las industrias de manufacturas ha estado reduciéndose, pero eso no es nada nuevo; llegó a su punto más alto hace 29 años, en 1979. Las ganancias en productividad y el cambio de un énfasis en manufacturas hacia productos de mayor valor agregado y que requieren de más tecnología para su elaboración han reducido la demanda de la tradicional mano de obra para manufacturas.

 

Entre 2000 y 2003 hubo una pronunciada recesión en el sector de manufacturas, durante la cual 2,8 millones de trabajos fueron eliminados en el sector. Los dos candidatos se basan en esa estadística para establecer que 3 millones de trabajos de manufacturas han sido perdidos desde 2000 debido a los malos acuerdos comerciales, como el TLCAN, como si esa tendencia estuviese continuando. Eso es incorrecto.

 

Entre 1979 y 2007 el número de trabajos en el sector de manufacturas estadounidense se redujo de 19,4 millones a 14 millones o en un 192.857 anuales. Durante el periodo de recesión entre 2000 y 2003, la tasa de reducción de trabajos se aceleró a 933.333 anuales. Pero entre 2004 y 2007, el declive fue de solo 100.000 anuales. En otras palabras, el periodo de severas reducciones de empleo se acabó hace cinco años (antes de la última campaña electoral presidencial). En los últimos cuatro años la tasa de reducción en el empleo de manufacturas ha estado muy por debajo del promedio de los últimos 28 años.

 

Si el comercio tuviera algo que ver con la pérdida de esos 2,8 millones de trabajos entre 2000 2003, las importaciones no tuvieron la culpa. Las importaciones de manufacturas no aumentaron para nada durante esos tres años. Las exportaciones estadounidenses, sin embargo, se redujeron en un 11 por ciento durante ese mismo periodo. Si el comercio tuviese algo que ver con la pérdida de 2,8 millones de trabajos, es más factible que una desaceleración en las exportaciones, y no un aumento en las importaciones, explicaría algo del declive.

 

El TLCAN entró en efecto seis años antes del 2000 y ha estado en efecto 4 años después del 2003. Si el TLCAN tuviese la culpa de las pérdidas de empleo entre 2000 y 2003, entonces debería obtener crédito por el desempeño estelar del sector de manufacturas durante los 1990s y por el desempeño aún mejor del sector desde 2003.

 

Si algo se puede decir sobre el déficit comercial, es que los acuerdos comerciales han sido una forma de moderarlo. Entre 2000 y 2007, el déficit general estadounidense en productos manufacturados se duplicó desde $300 mil millones a aproximadamente $600 mil millones. Pero con los países del TLCAN, el déficit ha sido relativamente y consistentemente pequeño, de alrededor de $40 mil millones anuales. Con todos los países con los cuales tenemos un tratado de libre comercio, el déficit ha sido aún más bajo, de alrededor de $25 mil millones anuales desde 2000. Y con los países del CAFTA, el comercio de manufacturas pasó de un déficit de $1.000 millones anuales entre 2000 y 2005 a un superávit de alrededor de $1.000 millones anuales durante los dos años desde que se implementó el tratado.

 

La fijación en la balanza comercial es equivocada de todas maneras. Las preguntas importantes son si la economía está creciendo y creando buenos trabajos y si la inversión adecuada está siendo realizada para habilitar el crecimiento a futuro. Desde 1993 (el año antes del TLCAN) el tamaño de la economía estadounidense ha crecido por un 54 por ciento en términos reales; 27 millones de trabajos netos nuevos han sido creados, la productividad del trabajador ha aumentado en un 39 por ciento y la compensación real ha aumentado en un 23 por ciento. Esta expansión económica ocurrió mientras que las importaciones aumentaron de $589 mil millones en 1993 a $1,9 trillones en 2007.

 

Las importaciones son esenciales, no solo para los consumidores sino también para los productores estadounidenses quienes dependen de componentes, materiales crudos y equipo de capital hechos en el extranjero. Y mientras que la demanda estadounidense se ha desacelerado, la importancia de mercados confiables y crecientes en el extranjero nunca antes ha sido tan evidente. Las exportaciones estadounidenses fueron más fuertes que nunca en 2007.

 

El comercio—tanto las importaciones como las exportaciones—ha sido vital para el éxito del sector manufacturero estadounidense y para la economía de EE.UU. en general. Quien sea que sea el próximo presidente del país ya lo sabe. El problema es que dos de los candidatos a la presidencia continúan pretendiendo otra cosa.

 

*Artículo cortesía de Cato Institute

 



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