Pesos y contrapesos
Jul 4, 2008
Arturo Damm

Mi coche, ¿mi coche?, y el suyo, ¿suyo?

¿Quién es el gobierno para prohibirme usar, cuando me dé la gana, mi coche?

¿Quién es el gobierno para prohibirme usar, cuando me dé la gana (que, dicho sea de paso, es la razón más sobrenatural que existe para hacer las cosas, Porque me da la gana, en pleno uso de mi libertad), mi coche? Si el gobierno tiene el poder para prohibirme usar mi coche cuado me dé la gana, ¿ese coche, realmente ES siendo mío, sobre todo durante el tiempo en el que se me prohíbe usarlo?

 

Se puede alegar, como de hecho se hace, que la prohibición tiene como fin la promoción del bien común, de tal manera que, de lo que se trata, es de imponer algunos sacrificios individuales a cambio del bienestar general, en este caso menos contaminación, porque, según las autoridades, de eso se trata, de darle un respiro a la Ciudad, pero eso, el efecto que sobre la calidad del aire tendrá el Hoy no Circula Sabatino, es lo que no queda claro.

 

En primer lugar, hay que considerar que el hecho de que determinados automóviles no circulen un sábado al mes no quiere decir que la circulación de los mismos se reducirá, por el simple hecho de que muchas familias, e inclusive individuos, tienen más de un coche, de tal manera que si un sábado no pueden circular en uno de ellos terminarán haciéndolo en otro, lo cual muestra que la medida afecta más a quienes menos tienen (en este caso coches), por lo cual resulta “regresiva”, tal y como lo resulta, también, por el permiso otorgado para la circulación de los autos con calcomanía cero y doble cero, que son los autos relativamente nuevos, a los que tienen acceso las familias de clase media para arriba, no las familias de clase media para abajo.

 

En segundo lugar, hay que tomar en cuenta que, de no contar una familia con un coche “de repuesto”, bien puede terminar comprando uno más, no necesariamente nuevo, sino de segunda, tercera y hasta cuarta mano, y por lo tanto más contaminante “de lo normal”, razón por la cual la medida puede resultar contraproducente: la misma cantidad de coches y algunos de ellos más contaminantes.

 

En tercer lugar, me pregunto si existe algún estudio que, con datos, nos indique en cuánto se reduciría la contaminación si una determinada cantidad de automóviles particulares dejara de circular un sábado al mes. ¿Dónde está el análisis costo beneficio de una medida que limita la propiedad, y por lo tanto la libertad, de los ciudadanos?

 

En cuarto lugar, si la meta es reducir el tráfico, con el objetivo de disminuir la contaminación, ¿por qué no imponer más prohibiciones de ese tipo, por ejemplo, que ningún automóvil circule los domingos? ¿Por qué la primera prohibición se acepta pero la segunda no? ¿Porque lo segundo resulta excesivo y lo primero no? Entonces, ¿es una cuestión de grado (poco sí, mucho no) o es un asunto de principio, que se sintetiza en la pregunta con la que inicié: ¿Quién es el gobierno para prohibirme usar, cuando me dé la gana, mi coche?

 

Por último, ¿cómo conciliar la construcción de infraestructura urbana (desde distribuidores viales hasta segundo pisos del periférico), que incentiva el uso del automóvil, con la intención de prohibir el uso del mismo, sin olvidar el subsidio al precio de la gasolina, con el cual están de acuerdo los perredistas, que de igual manera lo incentiva?

 

Ante la prohibición impuesta para su uso, ¿mi (su) coche es realmente mi (su) coche?



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