Ideas al vuelo
Jul 7, 2008
Ricardo Medina

Ah, sordito como una tapia

No tiene remedio. Sordera total e incurable. Ese es el feo diagnóstico que corresponde hacer sobre Marcelo Ebrard. El jefe de gobierno, a más de dos semanas de la tragedia, insiste en que todo es asunto de endurecer el otorgamiento de permisos a los llamados “antros”.

A izquierda y derecha se ha comentado que detrás de la tragedia que le costó la vida a 12 personas en una torpísima operación de policías, tan esforzados como ineptos, están actitudes inadmisibles de la autoridad: criminalizar la diversión de los jóvenes, intimidar y vejar a menores de edad, moralismo de baja estofa y, en general, una confusión entre fines y procedimientos, tan atroz que los fines de los cuerpos de seguridad pública se han esfumado ante la dictadura de unos procedimientos diseñados para la propaganda política y la espectacularidad.

 

Y nada. Don Marcelo sigue montado en su macho. Su más reciente ocurrencia ha sido anunciar que se endurecerán los requisitos y los trámites para otorgar permisos de funcionamiento a los bares, restaurantes, discotecas o antros. Ni una palabra sobre la estulticia de los procedimientos policiales que no sólo no sirven en absoluto para alejar a los jóvenes de conductas que pueden ser nocivas para su salud, sino que provocan tragedias como la que sucedió la tarde del viernes 20 de junio.

 

Los procedimientos no los idearon los gendarmes que empujaban para impedir que los jóvenes salieran de la trampa, ni tampoco fueron invento de los jefes de esos gendarmes ataviados como si fueran a perseguir terroristas en Afganistán, son procedimientos que surgieron como ocurrencia en las oficinas de los jefes de los jefes de la policía: en las oficinas de la autoridad de la ciudad de México.

 

¿Cuáles son esos procedimientos? 1. Utilizar a los jóvenes clientes de esos tugurios como “prueba” de que se viola la ley, 2. Tratar a esos jóvenes como delincuentes, so pretexto de que son “testigos”, trasladándolos en contra de su voluntad a instalaciones policiales para ser interrogados cual sospechosos de terribles crímenes.

 

Son procedimientos estúpidos e ilegales ordenados por el gobierno de la ciudad. La responsabilidad en el diseño y puesta en marcha de esas operaciones policiales recae directamente en quien preside el gobierno de la ciudad. ¿Será por eso que al señor Ebrard le aqueja esa terrible y total sordera?



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