MIÉRCOLES, 17 DE DICIEMBRE DE 2008
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“Hemos llegado a un insostenible punto en el que el comportamiento de los mercados financieros internacionales ya no depende de la eficiencia de éstos para canalizar el capital privado hacia proyectos de inversión productivos alrededor del mundo, sino de las amenazas a la estabilidad monetaria hechas por políticos calculadores y chantajistas.”


Al acercarnos al umbral de la puerta que nos deba conducir a la segunda década del tercer milenio, grandes cambios se perfilan en el horizonte económico político internacional. Cambios que ni los más afilados pitonisos se atrevieron a predecir.

 

La guerra fría ha terminado y se inició una mucho más caliente, la guerra contra el terrorismo, el comunismo ha desaparecido, los mercados, después de haber tomado “cierto control”, han sido saboteados de forma cruel. En esta nueva era los conflictos entre países ya no serán armados, ahora se desarrollarán en los escenarios económicos, comerciales, financieros y sobre todo monetarios. Los enfrentamientos diplomáticos son ahora dirimidos en los mercados globales, las armas más poderosas de los países son ahora sus monedas, sus estrategias militares son ahora sus políticas monetarias, sus espías son ahora financieros.

 

Al haber desaparecido la Unión Soviética como la amenaza y el enemigo clásico de los EU y del mundo libre en la guerra fría, ahora otro poderoso enemigo se perfila en el horizonte de esta nueva batalla económico—financiera en la que el mundo entero se prepara para participar, China. Los últimos años China ha estado recibiendo elogios por su decisión de no devaluar su moneda en medio de las debacles monetarias de Asia, Rusia, Brasil de hace unos cuantos años.

 

Pero, ¿qué es exactamente lo que China ha hecho o prometido hacer para mantener el valor de su moneda? Al estar afirmando a nivel mundial su política de no devaluar, ha logrado que los tímidos especuladores desaparezcan del escenario. Sin embargo, líderes chinos han estado por algún tiempo enviando un fuerte mensaje en el sentido de que su economía estaba bajo una fuerte presión debido a la debilidad del Yen Japonés. El Ministro de Finanzas ha dejado muy claro que si los EU no intervienen en el mercado monetario China tendrá que dejar su moneda resbalar. El entonces Secretario del Tesoro Paulson, quien agresivamente se opone a la intervención gubernamental en dichos mercados, tuvo que ceder y dio la orden de vender dólares y comprar yenes.

 

Bienvenidos al mundo actual de las relaciones monetarias internacionales: estabilidad monetaria mundial a base de extorsión y de chantaje.

 

¿Quién se podría haber imaginado que los esfuerzos de los gobiernos para manipular los mercados cambiarios se hubieran elevado a esos niveles de diplomacia y maromeo? La supuesta disposición de China de utilizar sus $500 mil millones de dólares de reservas internacionales para comprar lo suficiente de su unidad monetaria y poder así mantener una paridad con dólar, es ahora considerada como una de las más altas responsabilidades, prioridades, y amenazas a la seguridad mundial.

 

Hemos en estos momentos llegado a un insostenible punto en el que el comportamiento de los mercados financieros internacionales ya no depende de la eficiencia de éstos para canalizar el capital privado hacia proyectos de inversión productivos alrededor del mundo, sino de las amenazas a la estabilidad monetaria hechas por políticos calculadores y chantajistas. En la ausencia de un sistema monetario internacional estructurado, manipulación, chantaje, y especulaciones monetarias se ha elevado a ser un arte. Hay que entender que la moneda China no depende de un estricto mecanismo de convertibilidad o de su régimen de disciplina monetaria interna. Depende sólo de la voluntad de los políticos chinos de utilizar las reservas de monedas fuertes y oro que han acumulado para comprar sus renminbis en los mercados mundiales; práctica que puede ser muy cara, pero China espera algo a cambio.

 

Esta es una muy peligrosa estrategia para establecer una estabilidad monetaria mundial. Esto politiza, inclusive personaliza, lo que deberían ser esencialmente decisiones privadas. La unidad de cuenta para establecer el valor de los bienes y servicios intercambiados a través de las fronteras, no debería estar sujeta a las alianzas políticas temporales o a las frágiles relaciones diplomáticas. Ligas enfermizas entre los objetivos económicos y políticos llevan a débiles compromisos logrados más por trámite que por principio. Ellos son el anatema para las honestas relaciones internacionales en los mercados. ¿Cómo pueden compradores y vendedores racionalmente participar en una arena global dominada por los acuerdos entre políticos, en lugar de una legítima competencia dedicada al comercio privado e internacional, en otras palabras, el mercado?

 

Más aun, cuando los países ligan la estabilidad monetaria con las relaciones políticas internacionales, debilitan cualquier intento de consistencia intelectual al momento de evaluar las estrategias de los tipos de cambio de otros países. México es un muy buen ejemplo. A finales de noviembre de 1994, México trató de activar la línea de crédito de $6 mil millones de dólares que la administración de Clinton le había aprobado el año anterior cuando Betsen era Secretario del Tesoro. Pero la Tesorería de los EU ya sin Betsen al frente, se hizo para atrás negando la solicitud y argumentando que México no estaba listo para seguir sus recomendaciones de devaluar. Ya Pedro Aspe le había comunicado a Salinas sus intenciones de renunciar antes que cambiar la política de un peso ligado fuertemente al dólar. Obviamente había previsto lo que sucedería.

 

Sólo un mes después, el nuevo gobierno de Zedillo decidió seguir el consejo de la Tesorería de Clinton de devaluar el peso, con las desastrosas consecuencias que ya todos conocemos. La devaluación del peso envió a México hacia el abismo de la peor crisis económica de la historia moderna. Entonces Sr. Secretario de Hacienda, lo del blindaje está muy bien, sólo le recomiendo que cuando nos empiecen alcanzar los balazos que hoy día sacuden a Wall Street, se esconda en el sótano de la Secretaría porque ese blindaje en tres días termina en la bolsa de Geroge Soros.

 

Mientras el control de las políticas monetarias permanezca en manos de los burócratas oficiales, el mundo estará en un peligro más grave e inminente que ante un Boris Yeltzin abotagado de vodka y con el dedo en el botón nuclear de la vieja y atrofiada Unión Soviética, o peor, un moderno Echeverríita de nuevo en Los Pinos, o un López Portillo defendiendo el peso como perro.


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