Interamérica hoy
Ene 7, 2009
Henry Miller

Evaluando la labor del Congreso

Los legisladores no tienen que ser genios, pero yo prefiero que quien me represente sea más inteligente que quienes suelo encontrarme en el tráfico, la lavandería y el supermercado.

No es ningún secreto que el rendimiento del Congreso ha sido infame. La encuesta anual de Gallup sobre la confianza del público en las instituciones indica que apenas el 12% de los ciudadanos confían en el Congreso, lo más bajo entre las 16 instituciones examinadas en 2008. Es, además, la peor clasificación obtenida por institución alguna, a lo largo de los 35 años en que se llevan a cabo tales encuestas.

 

Y, sin embargo, seguimos eligiendo y reeligiendo sinvergüenzas, hipócritas, incapaces y mentirosos. Esa facultad de ser elegido nada tiene que ver con valentía, integridad ni inteligencia, sino más bien con la capacidad de ganar simpatía y la habilidad en obtener donaciones para su campaña electoral.

 

Recordemos que Mark Twain decía: “Supongamos que usted es un idiota y supongamos que usted es congresista; pero me estoy repitiendo…” Mientras que Will Rogers nos recordaba que “cuando el Congreso hace un chiste, es una ley. Y cuando promulga una ley, resulta un chiste”.

 

Recuerdo al poderoso jefe del Comité del Comercio de la Cámara de Representantes, Tom Bliley (republicano) quien leía los discursos que le habían preparado e incluía instrucciones tales como la de “pausa para hacer mayor énfasis”.

 

El senador con más años de servicio parlamentario es el nonagenario Robert Byrd (demócrata de West Virginia), quien debido a su vulgar vocabulario, pocas veces puede ser citado por la prensa.

 

Pero hay citas que dan aún más pena, como la del senador Joe Bidden -elegido para ocupar la vicepresidencia en el gobierno de Obama- quien hace poco nos recordó que “Cuando se desplomó la  Bolsa, Franklin Roosevelt acudió a la televisión” para explicar lo que estaba sucediendo. El problema es que Roosevelt llegó a la presidencia cuatro años más tarde, en 1933, y su primera entrevista televisada ocurrió en 1939. Algunas personas de la edad de Bidden sufren ciertos lapsos, pero a él le sucede eso todo el tiempo.

 

Quizás debiéramos manifestar nuestro descontento sobre la capacidad de los miembros del Congreso señalando que es un problema médico, en lugar de un problema político. Entonces exigiríamos que antes de cada proceso electoral cada uno de los candidatos, y también aquellos que buscan la reelección al Senado y a la Cámara de Representantes, sean previamente examinados por médicos sobre su inteligencia y estado mental, para así confiar en su memoria, comportamiento, racionalidad y la ausencia de fobias.

 

Los legisladores no tienen que ser genios, pero yo prefiero que quien me representa en Washington sea más inteligente que quienes suelo encontrarme en el tráfico, la lavandería y el supermercado.

 

El periodista H. L. Mencken mantenía que “el Congreso consiste, poco más o menos, de una tercera parte de bandoleros, dos terceras partes de idiotas y tres terceras partes de pusilánimes”. Examinarlos a tiempo nos ayudaría a impedir el acceso de idiotas, bandidos y cobardes.

 

___* Médico y biólogo investigador de Hoover Institution, Universidad de Stanford.

© www.aipenet.com



Comments powered by Disqus
El punto sobre la i

Cualquier conducta humana puede ser objeto de una ley. Por ejemplo: Ley para el buen cepillado de los dientes o Ley para la correcta colocación de los anteojos. Si la tarea de los legisladores es hacer leyes, les sobra tela de donde cortar. ¡Preocupante!

Arturo Damm Arnal
Entrar
Encuesta de la semana
La balanza comercial de México mostró en agosto un superávit de 6,116 millones de dólares. Al interior las importaciones mostraron una caída de -22.2% y las exportaciones de -7.7%. ¿Cómo interpretar estos datos?
Artículos recientes...