Jaque Mate
Sep 15, 2009
Sergio Sarmiento

Cambios en el gabinete

No parece que las cosas vayan a cambiar ahora. El Presidente no se ha molestado en salir de los círculos del PAN a buscar a los hombres y mujeres más capaces, con mejores ideas y experiencia. Se ha limitado a conseguir a funcionarios que puedan aceptar con lealtad la línea que él fija desde Los Pinos.

No extraña que un presidente haga cambios en su gabinete después del tercer informe. Lo han hecho casi todos. Tres años son más que suficientes para ver quién funciona y quién no. Por otra parte, ningún equipo aguanta completo seis años de desgaste.

 

El mandatario no tiene por qué dar explicaciones sobre el cambio de sus colaboradores. La legislación mexicana le permite escoger virtualmente a quien quiera. Solamente el procurador general debe ser ratificado por el Senado.

 

Si el presidente quiere explicar, no tiene obligación de hacerlo con verdad. Este pasado 7 de septiembre, por ejemplo, anunció que había aceptado la renuncia de tres miembros de su gabinete: el procurador Eduardo Medina Mora, el secretario de agricultura Alberto Cárdenas y el director general de Pemex Jesús Reyes Heroles. Realmente sería muy curioso que a los tres se les hubiera ocurrido renunciar al mismo tiempo. Lo que seguramente ocurrió es que se les pidió la renuncia. Sólo que la palabra destitución es tabú en el medio político.

 

En la ceremonia en que dio a conocer las remociones, el presidente habló sobre los tres funcionarios salientes en términos muy elogiosos. A Medina Mora le atribuyó los grandes triunfos del país en la lucha contra el narcotráfico. A Cárdenas lo consideró responsable de que las cosechas hubieran alcanzado niveles sin precedentes. A Reyes Heroles le agradeció su trabajo para una reforma petrolera que supuestamente habrá de tener grandes beneficios para el país. Es caballeroso que el presidente hable bien de los funcionarios que despide, pero no puede uno dejar de preguntarse por qué, si son tan buenos, los ha destituido.

 

No hay ninguna indicación de que los reemplazos signifiquen un cambio en las políticas fundamentales del gobierno. Arturo Chávez Chávez, quien será titular de la PGR si es ratificado por el Senado, fue procurador de Chihuahua en el gobierno de Francisco Barrio, subsecretario de gobernación con Santiago Creel y socio del despacho de abogados de Diego Fernández de Cevallos, Antonio Lozano y Fernando Gómez Mont. Francisco Mayorga, el nuevo titular de Sagarpa, fue secretario de agricultura en Jalisco cuando Alberto Cárdenas era gobernador y estuvo ya a cargo de la secretaría cuando reemplazó a Javier Usabiaga en el sexenio de Vicente Fox. Juan José Suárez Coppel, el nuevo director de Pemex, es doctor en economía por la Universidad de Chicago y ha sido director de finanzas de Pemex y vicepresidente del Grupo Modelo.

 

El presidente Calderón ha mantenido hasta ahora un fuerte control sobre las decisiones fundamentales en todas estas áreas. No parece que las cosas vayan a cambiar ahora. No se ha molestado en salir de los círculos del PAN a buscar a los hombres y mujeres más capaces, con mejores ideas y experiencia. Se ha limitado a conseguir a funcionarios que puedan aceptar con lealtad la línea que él fija desde Los Pinos. ¿Es bueno o es malo? No lo sé. Pero es la forma de hacer política del presidente.



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El problema, para los dictadores, es que no pueden eliminar la libertad del ser humano. Sólo pueden prohibir su ejercicio, prohibición a la que se opone, precisamente, la libertad.

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