Aquelarre Económico
Abr 5, 2011
Manuel Suárez Mier

¿Sobrevivirá el euro?

La causa de fondo que pone en entredicho la congruencia de una unión monetaria entre países que mantienen su independencia presupuestal, impositiva y crediticia, es bien conocida y se deriva de los problemas generados entre estados soberanos con desequilibrios fiscales muy diferentes y la misma política monetaria para todos.

Asistí la semana pasada a una mesa redonda titulada “La crisis de la deuda soberana europea: ¿dolencias de crecimiento o peligro de muerte para su unión monetaria?” que tuvo lugar en mi universidad con distinguidos especialistas en el tema provenientes de Alemania, Francia, Irlanda, Australia y Bélgica.

Me sorprendió el tono marcadamente sombrío, en especial el de Desmond Lachman del American Enterprise Institute, un think-tank a favor de la economía de mercado que en sus orígenes se opuso a las ideas en boga en el Congreso de EU al fin de la Segunda Guerra Mundial, de extender en forma permanente los controles de precios y salarios adoptados durante el conflicto para, en sus propias palabras, “…evitar regresar a la Gran Depresión.”

Su presentación, titulada lacónicamente “¿Podrá sobrevivir el euro?” marcó la pauta para la pesimista escena que se narró durante toda la reunión, al hacer predicciones tajantes como que:

  • Grecia e Irlanda declararían la moratoria de su deuda durante este año.
  • Portugal y España requerirán de sendos programas de rescate por parte de la Unión Europea y del Fondo Monetario Internacional, como yo pronostiqué la semana pasada en el caso del primero de los países citados.
  • Habrá naciones que abandonen el euro a más tardar en dos años.
  • Europa enfrentará una crisis bancaria.

El presentador mostró cómo se habían disparado las tasas de interés que pagan los países europeos con problemas financieros, partiendo de niveles por debajo del 5% en diciembre de 2009, para alcanzar 12% en el caso de Grecia, arriba del 10% en el de Irlanda, mientras que las de Portugal llegaron al 8.78% el jueves pasado.

La causa de fondo que pone en entredicho la congruencia de una unión monetaria entre países que mantienen su independencia presupuestal, impositiva y crediticia, es bien conocida y se deriva de los problemas generados entre estados soberanos con desequilibrios fiscales muy diferentes y la misma política monetaria para todos.

Así, en el caso que nos ocupa surgieron enormes déficit fiscales que llevaron a un creciente endeudamiento gubernamental en algunos países, mientras que en otros se acumularon deudas privadas enormes, que acabaron en insostenibles burbujas especulativas en bienes raíces, a resultas de un crédito muy laxo.

En ambos casos, la recesión que puso fin a la fase especulativa en la que todos los precios de los activos se movían a la alza, que trajo consigo el enjutamiento de los ingresos del erario, condujo a la acumulación de déficit públicos abultados y montos crecientes de deuda gubernamental que también parecen insostenibles.

De esta forma, el nivel promedio de deuda pública a PIB en la zona del euro llegará a 90% en el 2012, pero será superior para Portugal (95%), Bélgica (105%), Irlanda (115%), Italia (120%) y Grecia (más de 160%). Estas trayectorias de endeudamiento, a todas luces inmanejables, irremisiblemente llevarán a la moratoria, según el orador.

Peor aún, la estimación que hace la OECD del tipo de cambio real efectivo del euro para los países en problemas, que es una medida de su competitividad frente al resto del mundo, muestra una sobrevaluación de esa moneda para Irlanda, España y Grecia, de 30%, 21% y 17%, respectivamente, en relación a los costos en Alemania. Estas cuatro naciones tenían niveles comparables de costos apenas en 1999.

Restaurar la competitividad perdida impone una caída generalizada de la magnitud indicada en cada caso, en los precios y, sobre todo, en los salarios de los países en cuestión, al tiempo que restauran su equilibrio fiscal y detienen la acumulación de más deuda, mientras sus economías y sus bases tributarias se desploman.

Lo anterior es imposible, de acuerdo al ponente, por lo que a su juicio resulta ingente no solo buscar una renegociación de la deuda pública y privada de los países en problemas que plantee descuentos profundos en el monto de sus pasivos, sino también salir de la camisa de fuerza que representa el euro para poder devaluar.

Pero el problema principal de Europa, como yo también lo había señalado en artículos anteriores, radica en que buena parte de la deuda potencialmente impagable de 2 billones de dólares (dos trillones en EU), fueron créditos otorgados por los principales bancos europeos, en especial los alemanes, franceses e ingleses.

El único comentario chusco y con un dejo de optimismo de la conferencia, corrió a cargo de un ingenioso colega, también profesor de American University, que me susurró al oído que Lachman era un gran economista y atinado pronosticador, pues había vaticinado ¡8 de las últimas dos recesiones!



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