LUNES, 1 DE MARZO DE 2010
El punto sobre la i
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Arturo Damm





“"El comunismo no priva al hombre de la libertad de apropiarse del fruto de su trabajo, lo único de lo que lo priva es de la libertad de esclavizar a otros por medio de tales apropiaciones.” ”
Karl Marx

Marx creía que los dueños de los medios de producción (los empresarios capitalistas), explotan a los obreros asalariados (aquellos que no son dueños más que de su trabajo), pagándoles por su labor menos de lo que deberían de pagarles (extracción de plusvalía), creencia de Marx que es el resultado de un triple reduccionismo o, si se prefiere, de tres errores consecutivos, de tres supuestos equivocados, a saber.

 

Primero: creer que el precio de la mercancía está determinado, nada más, por los costos de producción y, por lo tanto, por el lado de la oferta, al margen de la demanda y, por ello, de la valoración y poder adquisitivo de los consumidores.

 

Segundo: creer que el costo de producción está determinado, nada más, por el precio del trabajo, al margen de los precios del resto de los factores de la producción, desde instalaciones, maquinaria y equipo hasta materias primas.

 

Tercero: creer que el único precio del trabajo que cuenta es el del trabajo del obrero (salario), al margen del precio de otro tipo de trabajo, como puede ser desde el ingenieril hasta el gerencial.

 

Obviamente que, si los tres supuestos de Marx fueran ciertos, todo el ingreso generado por la venta de la mercancía debería ir a parar al bolsillo del obrero, dado que todo el costo de producción está determinado por el salario que se le paga, y todo el precio está determinado por el costo de producción, de tal manera que, si por las razones que fuesen (que Marx encuentra en la propiedad privada de los medios de producción), parte de dicho ingreso va a parar a manos de alguien más, por ejemplo: del empresario, ello no pasa de ser un robo (la plusvalía). Todo ello, lo repito, si los tres supuestos de Marx fueran ciertos, que no lo son. Ni el precio está determinado solamente por el lado de la oferta, ni el costo de producción es únicamente el precio del trabajo, ni el único precio del trabajo que cuenta a la hora de computar el costo de producción es el salario del obrero. ¿Cómo no se dio Marx, y sobre todo Engels, ¡que era empresario!, cuenta de este triple error? Este es uno de los grandes enigmas de la historia del pensamiento económico.

 

Según Marx, ¿qué se requiere para eliminar la plusvalía, es decir, para evitar que el empresario capitalista se quede con parte del ingreso que, según el triple reduccionismo, debe ir a parar a manos del obrero asalariado? La eliminación de la propiedad privada de los medios de producción, algo que se logrará con el comunismo, razón por la cual, como lo señala el filósofo economista, el comunismo privará a algunos hombres (los empresarios capitalistas) de la libertad de quitarle a otros hombres (los obreros asalariados) parte del producto de su trabajo, lo cual, para Marx, consiste no solamente en un robo sino en una cierta esclavitud.

 

El único problema es que los tres supuestos de Marx son falsos, son tres errores obvios, son un triple reduccionismo: 1) reducir la fijación del precio al costo de producción; 2) reducir el costo de producción al precio del trabajo; 3) reducir el precio del trabajo al salario del obrero. Esos supuestos son una invención, no un descubrimiento, invención que para muchos se ha convertido en dogma, que como tal impide a los dogmáticos descubrir la verdad, narcotizándolos con el sueño del comunismo, producto de las invenciones de quien resultó un pésimo economista, Karl Marx.

 

Al final de cuentas el comunismo histórico, el llamado socialismo real, sí privó al ser humano del producto de su trabajo, habiendo esclavizado, como nunca lo hizo el capitalismo, a millones.

 

Por ello, pongamos el punto sobre la i.


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