LUNES, 25 DE ENERO DE 2016
El punto sobre la i
Usted cree que en estos momentos México es...
Un país estable y sin crisis
Un país en bancarrota

Arturo Damm





“La riqueza requerida por la naturaleza es limitada y fácil de conseguir; pero la riqueza requerida por la vanidad se extiende al infinito.”
Epicuro

Para comprender mejor lo dicho por Epicuro tengamos en cuenta que la riqueza consiste (y lo dicho por el filósofo muestra que así lo entendió), no en el dinero (que no es más que el medio de intercambio de la riqueza), sino en los bienes con los que satisfacemos nuestras necesidades: el vino cuando tenemos sed, el pan cuando tenemos hambre, el abrigo cuando tenemos frío, la cama y la almohada cuando tenemos sueño, le medicina cuando estamos enfermos.

Las necesidades son naturales y como tales su satisfacción tiene límites: el hambre  y la sed pueden quedar totalmente satisfechas, si bien es cierto que nunca definitivamente satisfechas, y una vez totalmente satisfechas ya no se requieren los satisfactores, por lo menos no hasta que la necesidad vuelve a aparecer. La satisfacción de las necesidades tiene límites. 

¿Pero qué sucede si del pan y del vino pasamos al dinero, que no es riqueza sino medio de intercambio de la riqueza? Que uno siempre puede querer un peso más: la acumulación de dinero no tiene límite o, mejor dicho, el afán de acumular dinero puede no tener límite. Uno puede querer un peso más, y otro, y otro más, y así una y otra y otra vez, resultado de la vanidad, con todas sus consecuencias, debiendo destacar una: la insatisfacción constante. ¿Por qué? Porque si alguien puede querer siempre un peso más, ¡y lo quiere!, nunca alcanzará la cantidad de pesos deseada, porque ésta es ilimitada: no bien acaba de conseguir el último peso ya quiere el siguiente. ¿Resultado? Nunca está, ¡ni estará!, satisfecho.

Ante esa insatisfacción constante hay que recordar que el dinero no es riqueza, que directamente no satisface ninguna necesidad: no es pan, no es vino, no es abrigo, no es lecho, no es medicina, no es más que el medio de intercambio de la riqueza, con toda la importancia que ello tiene, pero sin ser algo más, razón por la cual el dinero debe estar en función de la adquisición de la riqueza, para poder comprar, superando los límites del trueque, el pan, el vino y el abrigo, la cama, el colchón y la almohada, la medicina, y cualquier otro satisfactor (pudiendo tratarse de una necesidad de consumo o de una necesidad de producción, producción que necesariamente es anterior al consumo: no se puede consumir lo que no se ha producido. Primero producir, ofrecer y vender; luego demandar, comprar y consumir.

¿Qué pasa con aquel que padece la ilusión crisohedónica, e identifica al dinero con la riqueza? ¿Qué pasa con quien pone el énfasis en lo que quiere (querer que puede ser infinito) y no en lo que solamente necesita (necesidades cuya satisfacción sí tiene límites naturales? ¿Qué pasa con aquel que, habiendo conseguido el pan, el vino, el abrigo, la cama y la medicina quiere, no más de todo ello (por ejemplo: cara a la satisfacción de las necesidades de mañana), sino más dinero, es decir, no más riqueza sino más medio de intercambio de la riqueza? ¿Qué le pasa a quien quiere lo ilimitado? Le pasa lo ya dicho en un párrafo anterior: siempre estará insatisfecho.

El problema económico es la escasez y se puede atacar desde dos flancos: produciendo más (aumentando la oferta) o queriendo menos (reduciendo la demanda). Esa segunda opción es la estoica (y no hay que olvidar la dimensión estoica en el pensamiento de Adam Smith, sobre todo en La Teoría de los Sentimientos Morales), que distingue entre lo que verdaderamente se necesita y lo que solamente se quiere, debiendo la persona limitarse a lo primero. El estoicismo, ¿puede ser parte de la solución (siempre relativa y parcial, nunca total y absoluta) al problema de la escasez?

Mientras lo pensamos, ¡pongamos el punto sobre la i!


 Comentarios al artículo...
Comments powered by Disqus