MIÉRCOLES, 3 DE FEBRERO DE 2016
El punto sobre la i
¿A usted le parece buena idea desperdigar el gobierno?
No
No sé

Arturo Damm





“La mejor forma de preservar los recursos naturales es darles un uso.”
Sergio Sarmiento

La creencia generalizada es que la preservación de los recursos naturales (por ejemplo: los árboles), será consecuencia de su no utilización (por ejemplo: no usar los árboles para producir papel, y no usar papel para producir libros, por lo que los libros electrónicos son vistos con muy buenos ojos por los conservaduristas reaccionarios), creencia que es errónea, tal y como lo señala Sarmiento, a quien me permito enmendarle la plana, ya que la mejor manera, no solo de preservar (en el sentido de proteger algo frente a algún posible daño, como puede ser la extinción), sino de multiplicar (en el sentido de aumentar la cantidad de cosas de una misma especie), los recursos naturales es dándoles, no solo un uso, sino un uso comercial, es decir, explotarlos con fines pecuniarios, para lo cual quien lo haga tendrá que producir riqueza, y no para él en primer lugar, sino para los demás, ya que solo habiendo logrado esto conseguirá aquello. Pongo el ejemplo árboles-papel-libros.

¿Qué se requiere, no solo para preservar los árboles (que haya la misma cantidad) sino para multiplicarlos (que haya más)? Que se siembren más de los que se talan. ¿Y cuál es un buen (¿el mejor?) motivo para lograrlo? El motivo utilidad, es decir, que se pueda obtener de todo ello una ganancia pecuniaria, para lo cual se requiere que a los árboles se les dé un uso comercial que haga posible que de su siembra, cuidado, tala y procesamiento se obtenga una ganancia pecuniaria. Tratándose de los árboles ello tiene que ver, entre otras cosas, con la producción de papel, que a su vez tiene que ver, entre otras cosas, con la producción de libros. A mayor producción de libros, mayor demanda de papel, y a mayor demanda de papel mayor siembra, cuidado y tala de árboles, una y otra vez, todo ello con el objetivo de explotar los árboles con fines pecuniarios, para lo cual, como lo señalé en el párrafo anterior, quien lo haga tendrá que producir riqueza, no para él en primera instancia, sino para los demás, ya que sólo habiendo logrado esto conseguirá aquello.

Si quiero volverme rico debo crear riqueza para los demás, riqueza que consiste en los bienes y servicios con lo que satisfacemos nuestras necesidades, por ejemplo, el libro para quien tiene la necesidad de leer. Yo editor, con la ayuda previa del escritor y la colaboración posterior del librero, produzco libros, por los cuales los lectores están dispuestos a pagarme un precio, lo cual me permite generar un ingreso, con el cual compro los bienes y servicios que necesito para satisfacer mis necesidades, servicios y bienes que son la verdadera riqueza, y que para mí son la consecuencia de haber producido riqueza (editado libros) para los demás (los consumidores/lectores dispuestos a pagar un precio por mis libros).

Volviendo al tema de la preservación y multiplicación de los recursos naturales, sobre todo de lo segundo: su multiplicación, hay que tener muy claro que la condición más eficaz para el logro de tal fin es la posibilidad de darle a esos recursos un uso comercial, para lo cual se requiere, de entrada, la propiedad privada sobre los mismos, lo cual implica que quien los posea pueda quedarse con las ganancias pecuniarias de su explotación, ganancias pecuniarias que, al menos en teoría, no existen en el caso de los recursos naturales propiedad del Estado/gobierno, lo cual desincentiva su uso más eficaz posible.

No solo su explotación con fines comerciales, sino su propiedad privada, son condiciones necesarias para, no solamente preservar, sino multiplicar, los recursos naturales, algo que los conservaduristas reaccionarios no entienden, por lo que proponen “soluciones” alternativas que, por no tomar en cuenta esas dos condiciones necesarias, resultan ineficaces y, más grave, injustas, al negar la propiedad privada de dichos recursos y por ello su explotación con fines comerciales.

Por ello, pongamos el punto sobre la i.


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