LUNES, 11 DE ABRIL DE 2016
El punto sobre la i
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Arturo Damm





“Creo que en tiempo mereceremos que no haya gobierno.”
Jorge Luis Borges

Cuál es la razón de ser del gobierno, de una institución cuyo poder principal es el de prohibir, obligar y castigar a los ciudadanos, para lo cual necesita recursos, por lo cual la primera obligación que les impone es la de pagar impuestos, lo cual implica que el primer castigo con el que los amenaza es por el incumplimiento de dicha obligaciones. ¿Cómo justificar tal poder?

La única razón de ser de tal institución, la única justificación de tal poder, la encontramos en el poder que tiene el ser humano para dañar a los demás, en concreto para violar los derechos de los otros, daño que debe prohibirse y castigarse, siendo ésta, la defensa de los derechos de la persona, la única razón de ser del gobierno, la única justificación racional de su poder para prohibir, obligar y castigar.

La única limitación justa a la libertad individual tiene que ver con el respeto a los derechos (que realmente lo sean, y que no sean necesidades o intereses elevados, arbitrariamente, al rango de derechos) de los demás. Dicho de otra manera: la única prohibición que el gobierno debe imponer es a la violación de los derechos de los demás, y el único castigo que debe aplicar es a dichas violaciones. Desde este punto de vista, que es el liberal, no hay lugar para imposición de obligaciones. En un estado liberal el gobierno solo prohíbe y castiga, pero no obliga. Prohíbe la violación de los derechos de los demás y sanciona su quebrantamiento.

¿Qué condición debe cumplirse para que, como lo apunta Borges, nos hagamos merecedores de no tener gobierno, de no tener a ese grupo de gente con el poder para prohibir, obligar y castigar que, en manos poco escrupulosas, como por lo general son las de los gobernantes, degenera en poder arbitrario: el gobierno termina prohibiendo lo que no debería prohibir, obligando a lo que no debería obligar, y castigando por lo que no debería castigar?

¿Qué condición debe cumplirse para que nos hagamos merecedores de no tener gobierno? Que todos, y por lo tanto cada uno, decida, por convicción, respetar los derechos de los demás, partiendo del primer precepto de la ley natural que, según Voltaire, ¡y tiene toda la razón!, es éste: “No le hagas al otro lo que no quieras que el otro te haga a ti”, precepto que, de respetarse, da como resultado la justicia, definida a la manera de Ulpiano como la constante y perene voluntad de darle a cada quien lo suyo, siendo lo suyo de cada quien el derecho de cada cual.

¿Qué condición debe cumplirse para que nos hagamos merecedores de no tener gobierno? El cumplimiento de la ley natural, que haría innecesaria a la ley positiva, redactada y promulgada por el ser humano, misma que supone prohibiciones y  castigos, siendo la tarea del gobierno velar que se cumplan las primeras y, donde y cuando no se cumplan, imponer los segundos. Lo anterior quiere decir que seremos merecedores de no tener gobierno cuando seamos capaces, todos y cada uno de nosotros, de gobernarnos a nosotros mismos, lo cual deja claro que la disyuntiva no es gobierno o no gobierno, sino heterogobierno o autogobierno.

Mientras un solo miembro de la sociedad no sea capaz de gobernarse a sí mismo, mientras no sea capaz de no hacerle a los demás lo que no quiere que los demás le hagan a él, mientras viole los derechos de los otros, necesitaremos un gobierno (un heterogobierno), no siendo merecedores de no tenerlo, aunque la culpa fuera de uno solo.

Por ello, pongamos el punto sobre la i.


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