LUNES, 11 DE JULIO DE 2016
El punto sobre la i
¿Usted está de acuerdo en que se eliminen las comisiones bancarias?
No
No sé

Arturo Damm





“La pobreza solo se combate estructuralmente con más inversión productiva, más empleos y mejor educación, lo demás es cuento.”
Luis Pazos

Distingamos, para empezar, entre pobreza y desigualdad (ya que no son lo mismo) y tengamos claro que la segunda (la desigualdad) no es la causa de la primera (la pobreza), por lo que intentar eliminar la primera (la pobreza) eliminando la segunda (la desigualdad) siempre conduce al fracaso (y ejemplos históricos sobran, comenzando por el socialismo, en cualquiera de sus presentaciones).

La desigualdad implica la comparación entre dos o más personas, y éstas son, con relación a los ingresos, las posibilidades en la materia: 1) desigualdad con pobreza para todos; 2) desigualdad con riqueza para todos; 3) desigualdad con pobreza para unos y riqueza para otros; 4) igualdad con pobreza para todos; 5) igualdad con riqueza para todos (la opción “igualdad con pobreza para unos y riqueza para otros” resulta, obviamente, imposible). Pobreza para todos: nadie alcanza a satisfacer correctamente, y de manera autónoma, gracias al esfuerzo propio, sus necesidades básicas, aquellas que, de quedar insatisfechas, atentan contra la salud y la vida del ser humano. Riqueza para todos: todos logran satisfacer, gracias al esfuerzo propio, de manera autónoma, sus necesidades básicas, adquiriendo el mínimo necesario para preservar (hasta donde resulta humanamente posible tal propósito) la salud y la vida (distinguiendo entre enfermar y morir por falta de recursos y enfermar y morir pese a que se cuenta con recursos).

La pobreza, a diferencia de la desigualdad, no implica comparación de ningún tipo (estrictamente hablando nadie puede ser calificado de pobre en comparación con alguien más; que X tenga más ingreso que Y no quiere decir que, por tal razón, Y sea pobre), sino una determinada incapacidad. ¿Cuál? La incapacidad para, gracias al esfuerzo propio, de manera autónoma, sin depender de las dádivas de los demás, generar un ingreso que alcance para adquirir los satisfactores básicos. En materia de pobreza el reto no es, y la meta no debe ser, satisfacer las necesidades de cualquier manera, sino satisfacerlas sin depender de las dádivas de alguien más, autónomamente, gracias al trabajo propio. Esto es lo que va con la dignidad de las personas, esto es lo que permite que las personas no sean mantenidas, que no sean, para la satisfacción de sus necesidades, dependientes de las dádivas de alguien más, que puede ser, desde un mecenas particular, hasta el Estado Benefactor, que para todo efecto práctico es el gobierno redistribuidor, que le quita a X lo que es suyo, para darle a Y lo que no es suyo, obligando a X a ayudar a Y.

¿Qué se requiere para que la persona satisfaga de manera autónoma sus necesidades y las de sus dependientes económicos? Uno: que tenga trabajo. Dos: que ese trabajo esté bien pagado. Tres, ligado con lo anterior: que el trabajador cuente con el suficiente capital humano que le permita destacar sobre los demás y, por ello, ser más valorado, y mejor pagado, en el mercado laboral. El tercer requisito tiene que ver con la educación y la capacitación, que forman capital humano, definido como el conjunto de conocimientos, habilidades y actitudes que hacen de la persona un agente económico más valorado, y por ello mejor remunerado, en el mercado laboral. El segundo y  primer requisito tienen que ver con la inversión directa (productiva, la llama Pazos), que es la que abre empresas, produce bienes y servicios, crea empleos, y le permite, a quien obtiene esos puestos de trabajo, generar ingreso. Lo ideal es que esa inversión directa crezca lo más posible, por una razón muy sencilla: para que los salarios aumenten es necesario que la demanda de trabajo, de parte de las empresas, sea mayor que su oferta, de parte de los trabajadores, para lo cual se necesita que los empresarios inviertan directamente lo más posible.

Pazos está en lo cierto, algo que la mayoría de los políticos, gobernantes y legisladores no entiende.

Por ello, pongamos el punto sobre la i.


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