LUNES, 5 DE SEPTIEMBRE DE 2016
El punto sobre la i
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Arturo Damm





“La mejor salvaguarda para el trabajador no es la legislación laboral ni la bondad del empresario, sino la competencia entre los empresarios.”
Club de los Viernes

A los economistas se nos llena la boca afirmando que para que los salarios suban lo primero que tiene que aumentar es la productividad del trabajador, y establecemos esta relación: a mayor productividad mayor salario, lo cual no necesariamente es cierto, ya que la determinación del salario no depende, al menos no en primera instancia, de la productividad del trabajador sino de la relación entre la demanda y la oferta de trabajo en cada mercado laboral. Es esta relación, y no aquella productividad, la que determina el salario.

Supongamos una situación en la cual la demanda de trabajo de parte de los empleadores (empresas) es menor que la oferta de trabajo de parte de los trabajadores. En tal situación, dada la ley de la oferta y la demanda, ¿qué pasará con los salarios? Bajarán, independientemente de la productividad de los trabajadores. Esta situación es contraria a los intereses de los trabajadores, quienes tienen el interés de percibir el mayor salario posible. ¿Cómo conseguirlo? Invirtiendo la relación en el mercado laboral, de tal manera que la demanda de trabajo, de parte de las empresas (empleadores), sea mayor que la oferta de trabajo de parte de los trabajadores.

Supongamos una situación en la cual la demanda de trabajo es mayor que su oferta. Dada la ley de la oferta y la demanda, en tal situación, ¿qué pasará con los salarios? Subirán, independientemente de la productividad de los trabajadores. Esta es la situación favorable al interés de los trabajadores de percibir el mayor salario posible, lo cual les permitirá reducir su grado de escasez y aumentar su nivel bienestar, que depende de la cantidad, la calidad y la variedad de los bienes y servicios a su disposición.

¿Qué se requiere para que la relación demanda – oferta de trabajo en los mercados laborales sea favorable a los intereses de los trabajadores de ganar el mayor salario posible? Que la inversión directa, que es la que abre empresas, produce bienes y servicios, crea empleo, y generar un ingreso, sea la mayor posible, posibilidades de más inversión directa que, si se hacen bien las cosas, sobre todo en materia de la competitividad de cada país, pueden crecer sostenidamente de manera indefinida. Sí: sostenidamente de manera indefinida, siempre y cuando la competitividad del país, que es la capacidad para atraer (que los capitalistas decidan invertir directamente en el país), retener (que los capitales ya invertidos en el país se queden invertidos en el país) y multiplicar (que las utilidades generadas por los capitales invertidos en el país se reinviertan directamente en el país), inversiones directas sea la mayor posible, de tal manera que directamente se invierta lo más posible, generándose así, entre demandantes de trabajo (empresas, empleadores, etc.), la mayor competencia para contratar trabajadores, competencia que se da vía salarios.

Los aumentos en la productividad son una condición necesaria (para contratar a un trabajador éste debe ser mínimamente productivo), más no suficiente (no basta con que sea mínimamente productivo, además debe de crearse un puesto de trabajo para él), para que los salarios aumenten, y toda la legislación y las políticas públicas a favor de dichos aumentos (por ejemplo: salarios mínimos) sirven de muy poco, si es que realmente sirven para algo. La clave está en la relación demanda – oferta de trabajo y, por ello, en las inversiones directas y en la competencia entre empresas, por lo que el reto es que se invierta directamente más, ¡lo más posible!, y que se genere, entre los empleadores, la mayor competencia posible, ¡la mayor posible!, algo que muchos legisladores, políticos y redentores sociales no acaban de entender (lo cual supone que, por lo menos, empezaron a entenderlo, lo cual es mucho suponer).

Por ello, pongamos el punto sobre la i.


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