LUNES, 17 DE OCTUBRE DE 2016
El punto sobre la i
Usted cree que en estos momentos México es...
Un país estable y sin crisis
Un país en bancarrota

Arturo Damm





“En el intento por hacer más efectiva la solidaridad y la justicia social, el hombre generó mecanismos burocráticos para la profesionalización de la gestión de la solidaridad. Sin embargo, la hipertrofia de estos mecanismos ha terminado por esmerilar el vigor de la solidaridad en la sociedad contemporánea, esclerosando la conciencia moral de los agentes, que terminan depositando en la quimera del Estado de bienestar la operatividad de los proyectos solidarios.”
Mario Silar

Dos son las maneras de relacionarse con los demás: no hacerles daño, hacerles el bien. Lo primero supone la justicia, lo segundo la beneficencia. La justicia implica un no hacer (daño), la beneficencia un sí hacer (el bien). La justicia da como resultado la convivencia civilizada. Le beneficencia la convivencia humana. No basta con no dañar a los demás, además hay que hacerles el bien. La justicia (no dañar a los demás) debe exigirse por la fuerza, no debiendo dejarse a la libre voluntad de cada quien, y para ello se necesita del gobierno. La beneficencia (ayudar a los otros) no debe exigirse por la fuerza, debiendo dejarse a la libre voluntad de cada quien, condición necesaria para que tenga mérito ético, para lo cual no se necesita del gobierno.

Todo ello está claramente expresado en la Teoría de los Sentimientos Morales de Adam Smith. “La beneficencia siempre es libre, no puede ser arrancada por la fuerza, y su mera ausencia no expone a castigo alguno, porque la simple falta de beneficencia no tiende a concretarse en ningún mal efectivo real. Puede que frustre el bien que podría razonablemente haberse esperado, y por ello puede con justicia generar disgusto y reprobación; no puede, empero, provocar ningún enojo asumible por las personas”, lo cual, para Smith, la pone al margen del castigo. La falta de beneficencia no debe castigarse, mucho menos legalmente. “Hay, sin embargo, otra virtud cuya observancia no es abandonada a la libertad de nuestras voluntades sino que puede ser exigida por la fuerza, y cuya violación expone al rencor y por consiguiente al castigo. Esta virtud es la justicia. La violación de la justicia es un mal, causa un ultraje real y efectivo a personas concretas, por motivos que son naturalmente reprobados”, lo cual hace a la injusticia objeto propio del castigo legal.

¿Qué sucede cuando, por más buenas que sean las intenciones, se intenta elevar la eficacia de la beneficencia, encargándosela al Estado Benefactor, y a su agente principal, el gobierno redistribuidor, encargados de imponer la solidaridad entre las personas? Sucede lo escrito por Silar: la asunción de esa responsabilidad colectiva por parte del Estado/gobierno diluye la responsabilidad individual de la persona, insensibilizando su conciencia ética, desentendiéndose de la mala fortuna de su prójimo, a quien tiene la obligación ética de ayudar, por solidaridad (interés por el bien del prójimo) y de manera subsidiaria (en la medida en la que el prójimo necesite la ayuda), obligación ética que el Estado Benefactor y el gobierno redistribuidor convierte en legal, pero no por ello en justa. De hecho se trata de una injusticia: el gobierno redistribuidor, a nombre del Estado Benefactor, le quita a A lo que, por ser fruto de su trabajo, es propiedad de A, para darle a B lo que, por no ser fruto de su trabajo, no es propiedad de B. Nada de ello es verdadera solidaridad, legítima beneficencia, sino robo con todas las de la ley, la expoliación legal de la que escribió Bastiat en La Ley.

El problema no es la hipertrofia de los mecanismos del gobierno redistribuidor, no es el crecimiento desmedido de los mismos, siendo el resultado que hoy gobernar sea sinónimo de redistribuir (revísese cualquier presupuesto de egresos de cualquier gobierno). El problema es la redistribución del ingreso, el que el gobierno le quite a A lo que, por ser fruto de su trabajo, es de A, para darle a B lo que, por no ser producto de su trabajo, no es de B, lo cual hace del gobierno redistribuidor, que actúa en nombre del Estado Benefactor, una banda del crimen, no solo organizado, ¡sino legalizado!

Por ello, pongamos el punto sobre la i.


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