LUNES, 28 DE NOVIEMBRE DE 2016
El punto sobre la i
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Arturo Damm





“Si admiras asesinos no eres defensor de la vida. Si admiras dictadores no defiendes la libertad. Si admiras ladrones no respetas la propiedad.”
Gloria Álvarez

Vida, libertad individual y propiedad privada, los tres derechos naturales con los que la persona es concebida. Derechos naturales, ¿realmente existen? Para quienes se lo preguntan va esta pregunta: ¿los seres humanos tenemos ciertas obligaciones para con los otros seres humanos, por el simple hecho de que son seres humanos?

¿Debo respetar la vida de los demás, por el simple hecho de que están vivos? Sí. ¿Debo respetar la libertad de los demás por el simple hecho de que tienen la capacidad para decidir y elegir? Sí. ¿Debo respetar las propiedades de los demás, por el simpe hecho de que las adquirieron legítimamente, ya por apropiación (cuando resulta realmente legítima), ya por trabajo (apropiación y trabajo que suponen la creación de derechos de propiedad), ya por intercambio, ya por donación (intercambio y donación que suponen la cesión de derechos de propiedad)? Sí. ¿Tenemos ciertas obligaciones para con los demás, por el simple hecho de que son seres humanos? Sí, y la contrapartida de esas obligaciones son los derechos naturales de los otros, con los que la persona es concebida, comenzando por el derecho a la vida. ¿Cuál es la única obligación que tenemos para con una persona recién concebida? La obligación de respetar su vida, cuya contrapartida es su derecho a la vida.

Ese respeto a la vida, la libertad y la propiedad de los demás, ¿en qué desemboca? En la justicia, definida como la virtud por la cual le damos a cada quien lo suyo, siendo lo suyo de cada quien el derecho de cada cual. La justicia es el respeto a los derechos de los demás, derechos que, cuando de los naturales se trata, son anteriores y superiores al Estado, los gobiernos y las leyes positivas, debiendo estar dichas leyes, gobiernos y Estado en función de esos derechos, y no al revés.

El respeto a los derechos de los demás, ¡la justicia!, es la convivencia civilizada, que reclama, dado que nunca falta quien no está dispuesto a respetar los derechos de los demás, de un poder que prohíba su violación, que los garantice, y que castigue a quien los viole. Ese poder es el gobierno, cuya principal justificación es que, con honestidad y eficacia, haga valer los derechos de los ciudadanos. El problema surge cuando el gobierno, cuya tarea esencial es hacer valer los derechos de los ciudadanos, es quien los viola, matando gente, encarcelando gente, robando a la gente, tal y como sucede con los gobiernos encabezados por quienes creen tener el derecho, que no pasa de ser solo poder, de obligar a los demás a vivir como ellos, los gobernantes, creen que deben vivir, matando a quien se opone, encarcelando a quien se opone, robándole a quien se opone, violando sus derechos, actuando injustamente, fastidiando la vida de generaciones de seres humanos, como ha sucedido de Stalin a Castro, de Mao a Kim Jong-un, “Führers” con un proyecto de nación al cual todos deben sumarse, todo lo cual atenta contra la vida, la libertad individual y la propiedad privada, porque allí donde hay un proyecto de nación no hay espacio para la justicia, para el respeto a los derechos de la persona.

Hay que escribirlo una y otra vez, porque no ha quedado claro: no necesitamos proyectos de nación, sino naciones en las cuales cada ciudadano, respetando los derechos de los demás, ¡actuando justamente!, y sin ningún privilegio gubernamental, pueda decidir, elegir y actuar libremente para sacar adelante sus proyectos, los únicos que realmente valen la pena, algo que allí donde el gobierno asesina, encarcela y roba, y todo ello en nombre del proyecto del “Führer”, no es posible. No lo fue y no lo será. ¿Primeros culpables? Quienes admiran a asesinaos, dictadores y ladrones.

Por ello, pongamos el punto sobre la i.


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