MIÉRCOLES, 1 DE MARZO DE 2017
El punto sobre la i
Usted cree que en estos momentos México es...
Un país estable y sin crisis
Un país en bancarrota

Arturo Damm





“La sana preocupación por la pobreza no se resuelve intensificando las recetas estatistas y socializantes sino en aconsejar el establecimiento de marcos institucionales por el que se respeten los derechos de todos.”
Alberto Benegas Lynch (h)

Una de las críticas que nos hacen a los liberales tiene que ver con nuestra supuesta falta de interés por los pobres, preocupación que supuestamente ha monopolizado la izquierda, y considerando que el liberalismo es de derecha, lo cual es falso: el liberalismo no es ni de derecha ni de izquierda, sino algo distinto que supera los excesos y defectos que caracterizan tanto a la derecha como la izquierda, sobre todo en lo referente al respeto a los derechos de la persona, derechos que, de una u otra manera, en mayor o menor medida, violan tanto la izquierda como la derecha, que en el extremo se identifican. Entre izquierda y derecha las diferencias son de forma no de fondo. Entre el liberalismo, por un lado, y las derechas e izquierdas por el otro, las diferencias son de fondo, por lo que también son de forma.

Retomo el tema: una de las críticas que se nos hace a los liberales tiene que ver con nuestra supuesta falta de interés por los pobres. ¿A los liberales no nos importan los pobres, importándonos solamente la libertad, la mayoría de las veces desde una perspectiva puramente teórica, situada en la torre de marfil del filósofo, divorciada de la realidad? No, pudiéndose afirmar que, sobre todo desde el punto de vista de la economía, la principal preocupación de los liberales es la pobreza y los pobres.

Para entender lo dicho en el párrafo anterior tengamos en cuenta que la pobreza consiste en la incapacidad de los pobres para, por medio de un trabajo productivo y bien remunerado (la productividad es una condición necesaria, pero no suficiente, para que la remuneración aumente, debiéndose considerar, además, la relación entre la oferta y la demanda de cada tipo de trabajo en su mercado laboral: supuesta una determinada productividad, para que la remuneración aumente se requiere que la demanda de trabajo, de parte de los empleadores, sea mayor que la oferta de trabajo, de parte de los trabajadores), satisfacer correctamente, por lo menos, sus necesidades básicas, que son aquellas que, de quedar insatisfechas, atentan contra la salud y la vida de la persona. Si en eso consiste la pobreza, entonces su superación no se logra proveyendo, gracias a la redistribución gubernamental del ingreso, de los satisfactores indispensables a los pobres, quienes en tal caso se convierten en mantenidos, pero no en agentes económicos productivos y bien remunerados, capaces de valerse por sí mismos, que es, dicho sea de paso, lo que va con la dignidad de la persona: ser capaz de mantenerse a sí misma y no ser mantenida por alguien más, que puede ser el Estado Benefactor, el gobierno redistribuidor.

La pobreza no consiste en la carencia de satisfactores, sino, por el lado de la oferta de trabajo, en la carencia de las capacidades productoras y productivas necesarias para realizar trabajos a cambio de los cuales alguien esté dispuesto a pagar una remuneración. En segundo lugar, por el lado de la demanda de trabajo, en una insuficiente demanda de trabajo de parte de los empleadores, demanda de trabajo que será mayor en la medida en que se creen más puestos de trabajo, creación de puestos de trabajo que será mayor en la medida en la que se invierta directamente más, siendo inversión directa la que abre empresas, produce bienes y servicios, crea empleos y les permite, a quienes obtienen esos puestos de trabajo, generar ingresos, para lo cual se requiere, como lo apunta Benegas Lynch (h), un marco institucional que reconozca plenamente, defina puntualmente y garantice jurídicamente los derechos de la persona, comenzando por la libertad individual y la propiedad privada, temas típicamente liberales.

La pobreza no se resuelve redistribuyendo la riqueza, sino creando riqueza. El reto es que quienes tienen que crearla son los pobres, lo cual supone su productividad y una demanda de trabajo que sea mayor que su oferta.

Por ello, pongamos el punto sobre la i.


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