MARTES, 21 DE MARZO DE 2017
El punto sobre la i
¿A usted le parece buena idea desperdigar el gobierno?
No
No sé

Arturo Damm





“Si la gente se comportara como los Estados, llamarías a la policía.”
Kelvin Throop

Entendamos por Estado al gobierno y preguntémonos por qué, si nuestro vecino se comportara como él, llamaríamos a la policía, pregunta que nos remite a esta otra: ¿cuándo llamamos a la policía? Cuando nos amenaza la delincuencia, cuando alguien viola nuestros derechos, comenzando por la vida, la libertad y la propiedad, derechos que el Estado y sus gobiernos deben reconocer plenamente, definir puntualmente y garantizar jurídicamente, algo que no sucede, momento en el cual deberíamos llamar a la policía.

Comencemos por el principio, que en el caso del gobierno se encuentra en el cobro de impuestos, en el poder para obligar a los ciudadanos a entregarle parte del producto de su trabajo, gobierno convertido en recaudador, ciudadano transformado en contribuyente. ¿Qué haríamos si nuestro vecino nos obligara a entregarle parte del producto de nuestro trabajo? Llamaríamos a la policía. ¿Por qué? Porque se trataría de un robo: obligar a alguien a entregar parte el producto de su trabajo. ¿Hay alguna diferencia esencial (accidentales hay muchas) entre el gobierno obligando al ciudadano a entregarle parte del producto de su trabajo y un vecino forzando a su vecino a entregarle parte del suyo?

El principio para el gobierno se encuentra en su poder para cobrar impuestos, para obligar al ciudadano a entregarle parte del producto de su trabajo, poder sin el cual el gobierno no existiría, porque ayer, hoy o mañana, de una u otra manera, el gasto del gobierno (sin el cual el gobierno no existiría, ya que gobernar significa realizar gastos, pocos de los cuales se justifican, la mayoría de los cuales salen sobrando), se financia con impuestos, con parte del ingreso de los ciudadanos, porque cualquier impuesto, al final de cuentas, se paga con el ingreso del alguien, independientemente de cuál sea el objeto gravable: trabajo, propiedad o compra.

Lo primero que debe hacer un gobierno para poder ser, ser que depende de su poder hacer (gobierno que no hace no es), es cobrar impuestos, obligar al ciudadano a entregarle parte el producto de su trabajo, lo cual, si aceptamos que la persona tiene el derecho al producto íntegro de su trabajo, resulta un robo, una expoliación legal, como la llamó Bastiat, que no por ser legal (por estar avalada por alguna ley, como sucede con los impuestos), deja de ser injusta.

El primer caso relacionado con la frase de Throop es el cobro de impuestos. Si nuestro vecino nos obligara a entregarle parte del producto de nuestro trabajo llamaríamos a la policía, lo cual no hacemos cuando es el gobierno quien nos obliga a entregarle parte de nuestros ingresos. ¿Por qué? ¿Porque consideramos que pagar impuestos es el precio que hay que pagar por vivir en sociedad, por convivir civilizadamente? Si así es estamos equivocados: el verdadero precio que hay que pagar por convivir civilizadamente, por vivir en sociedad, es respetar los derechos de lo demás, derechos que, cuando el gobierno hace algo más de lo que legítimamente le corresponde, lo cual es regla y no excepción, acaba violando, tal y como sucede con el Estado Benefactor y el gobierno redistribuidor que, cobrando impuestos con fines redistributivos, le quita a A para, por la vía del gasto social, darle a B, Estado Benefactor y gobierno redistribuidor que hoy no son excepción sino regla. Si nuestro vecino se comportara como el Estado Benefactor y el gobierno redistribuidor llamaríamos a la policía, algo que no hacemos, de entrada porque la policía forma parte de ese ente al que podemos llamar Estado – gobierno, que en más de un sentido nos tiene secuestrados.

Por eso, pongamos el punto sobre la i.


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