MARTES, 28 DE MARZO DE 2017
El punto sobre la i
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Arturo Damm





“Una de las mayores tragedias que puede enfrentar un ser humano es depender de los gobernantes para satisfacer sus necesidades.”
Martha Yolanda Díaz-Durán

¿Cuál es el ideal del Estado Benefactor? Uno de dos. Primero, el moderado: que el gobierno se encargue de proveer los satisfactores básicos a todo aquel que no sea capaz de proveerse a sí mismo. Segundo, el radical: que el gobierno se encargue de proveer los satisfactores básicos a todos los ciudadanos, independientemente de que sean capaces de proveerse a sí mismos. Lo segundo es el ideal, y como tal nunca alcanzado, lo primero es la realidad, con todos sus excesos y defectos.

El ideal del Estado Benefactor es que los ciudadanos sean dependientes, para la satisfacción de sus necesidades, comenzando por las básicas, de las dádivas gubernamentales. El ideal “Que te mantenga el gobierno” puede resultar atractivo. ¿Quién no quiere que el gobierno lo mantenga, sin tener que trabajar, sin tener que generar ingreso, sin tener que comprar los satisfactores, comenzando por los básicos? El ideal, a primera vista, resulta muy atractivo, sobre todo cuando, gracias a la propaganda, acabamos creyendo que para eso está el gobierno: para satisfacer nuestras necesidades, sobre todo cuando esas necesidades se han identificado tramposamente como derechos, con la obligación del gobierno de garantizarlos, lo cual supone satisfacer dichas necesidades.

Tomando en cuenta las consecuencias del Estado Benefactor, el ideal “Que te mantenga el gobierno” resulta injusto, desde el punto de vista de la ética, e ineficaz, desde el punto de vista de la economía.

Injusto desde el punto de vista ético porque la única manera de que el gobierno le dé algo a alguien es si previamente se lo quitó a alguien más, es decir, si redistribuye el ingreso, quitándole a X lo que es suyo, producto de su trabajo, para darle a Y lo que no es suyo, por no ser producto de su trabajo. No olvidemos, a la hora de reflexionar en torno al Estado Benefactor, que 1) ningún gobierno es capaz de darle todo a todos, por lo que solo es capaz de darle a algo a algunos; que 2) lo que el gobierno le da a unos previamente se lo tuvo que haber quitado a otros; que 3) dado que el gobierno cobra por quitar (cobra por cobrar impuestos) y dar (cobra por ejercer el gasto social), nunca regresa la mima cantidad que quitó.

Ineficaz desde el punto de vista económico por los incentivos que genera el Estado Benefactor entre aquellos a quienes provee, incentivos a favor de la petición no del trabajo. Si el gobierno me provee, ¿para que esforzarme?, sobre todo si al no esforzarme, mostrándome incapaz de proveerme, tengo derecho a las provisiones gubernamentales. Derecho a Z, no solo necesidad de Z, y derecho a Z por tener necesidad de Z.

Lo propio del ser humano, lo que va con su dignidad, es que viva gracias al trabajo propio, no gracias a las dádivas de los demás, que podrán ser voluntarias, como sucede con la verdadera solidaridad, la que se practica libremente, o que podrán ser impuestas, como sucede con la falsa solidaridad, la que practica el gobierno redistribuidor, quitándole a X lo que es suyo, para darle a Y lo que no es suyo, obligando a X, por su intermediación, a ayudar a Y, quien se vuelve dependiente de la ayuda a la que el gobierno obliga a X. A X le quita, a Y le da, y a las dos los convierte, de una u otra manera, en mayor o menor grado, en esclavos.

La situación se agrava cuando el Estado Benefactor, que para entonces ya se ha convertido en gobierno totalitario, impide que el ciudadano intente salir adelante por su propia cuenta, ciudadano que entonces se vuelve, para la satisfacción de sus necesidades, dependiente del gobierno, algo que no debería suceder. Sin embargo, es el ideal de muchos.

Por ello, pongamos el punto sobre la i.


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