MIÉRCOLES, 5 DE ABRIL DE 2017
El punto sobre la i
Usted cree que en estos momentos México es...
Un país estable y sin crisis
Un país en bancarrota

Arturo Damm





“La propiedad privada fue el origen de la libertad. Sigue siendo su principal baluarte.”
Walter Lippman

Le enmiendo la plana a Lippman: la propiedad privada no fue el origen de la libertad, sino la condición de posibilidad de su ejercicio. El origen de la libertad se encuentra en la capacidad del ser humano para decidir y, lo más importante, para decidirse, lo cual lo logra decidiendo. Al decidir el ser humano se decide, y se forma en el ámbito de la moral a sí mismo. El ser humano es, en el plano de la moral, lo que ha decido ser. Es, moralmente considerado, su causa eficiente. Es causa y efecto de su ser moral, porque se hace LA pregunta moral -¿qué debo hacer?- y la responde, y actúa en consecuencia, y genera un efecto, e inevitablemente se vuele responsable de todo ello. Cada ser humano es, considerado moralmente, producto de su libertad, de su capacidad para decidir y decidirse.

La propiedad privada es la condición de posibilidad del ejercicio de la libertad individual, pero no es su origen. El ser humano no es libre por ser propietario. El ser humano es libre porque está en su naturaleza serlo, porque tiene la facultad para decidir, decisión que siempre versa sobre alguien o algo, que deben estar a disposición de quien sobre ello decide.

Ese alguien no debe ser nadie más que la persona que decide, porque nadie tiene el derecho de decidir por alguien más, salvo en los casos en los que ese alguien más sea incapaz de decidir por sí mismo, ya sea por la edad o por alguna discapacidad mental.

Ese algo debe ser todo aquello que sea propiedad del quien decide, decisión que, por lo general, se realiza con relación a algo que puede usarse, disfrutarse, o disponer de ello, comenzando por uno mismo: el cuerpo, las ideas, las palabras, las acciones. Ese algo, que es una propiedad, es la condición de posibilidad, no de la libertad, entendida como la facultad para decidir, pero sí del ejercicio de la libertad, entendido como el disponer de lo que es de uno según uno lo haya decidido. En este sentido a más propiedades más grande el universo de cosas sobre las cuales puede ejercerse la libertad. Pero no confundamos ese universo de propiedades, sobre las cuales el propietario puede ejercer su libertad (usándolas, disfrutándolas, disponiendo de ellas), con la libertad.

Insisto: el ser humano no es libre por ser propietario. Es libre porque está en su naturaleza serlo (lo cual quiere decir que no puede no serlo), porque tiene la facultad para decidir y decidirse, lo cual lo coloca en el ámbito de la moral, que es la esfera propiamente humana, cuya principal pregunta es ¿qué debo hacer?, pregunta que el ser humano debe responder. (Si la pregunta de la moral es ¿qué debo hacer?, la de la ética es ¿en qué consisten el bien y el mal?).

Si la propiedad privada es la condición de posibilidad del ejercicio de la libertad individual, entonces, en la misma medida en la que se limita la primera, se limita la segunda. Hoy las principales amenazas contra la libertad individual se dan desde las limitaciones a la propiedad privada, comenzando por el cobro de impuestos con fines redistributivos, por el Estado Benefactor, por el gobierno redistribuidor, todo lo cual está presente, al grado de poder afirmar que hoy gobernar es sinónimo de redistribuir, sobre todo en las repúblicas democráticas, y no tanto por repúblicas, sino por democráticas: hoy se ganan votos prometiendo redistribución y justificándola con la justicia social, que ni es social, ni mucho menos justicia.

Por ello, pongamos el punto sobre la i.


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