MARTES, 16 DE MAYO DE 2017
El punto sobre la i
En materia económica, usted opina que AMLO es...
Un ignorante
Un mentiroso
Una mente brillante

Arturo Damm








“El respeto al tiempo ajeno es la paz.”
Valeria Moy

El respeto al tiempo ajeno, parafraseando a Benito Juárez, es la paz, y mucho más: es la condición necesaria para poder economizar, es decir, para poder hacer el mejor uso posible de los recursos escasos a nuestra disposición, el principal de los cuales es, precisamente, el tiempo, entendido, pero sobre todo utilizado, como un don a nuestra disposición.

Estrictamente hablando el tiempo, ¡cualquier cosa que el mismo sea!, no es un recurso sino, llamémosle así, un meta recurso, que hace posible el uso de todos los otros recursos, pero que en sí mismo considerado, como tal, resulta inútil. Una persona que no dispusiera más que de oxígeno y tiempo, sería incapaz de disponer de algún otro satisfactor distinto del oxígeno (solo dispone de tiempo), sería incapaz de producir cualquiera de los otros satisfactores necesarios para mantener la salud y la vida (bebida, comida, etc.), sería una persona condenada a muerte, de la misma manera que lo sería una persona con una enorme cantidad y variedad de recursos a su disposición (naturales, manufacturados, financieros, etc.), pero con solamente un segundo de tiempo restante. El tiempo, considerado como meta recurso, como el recurso de los recursos, y el resto de los recursos, son bienes complementarios.

El tiempo, al igual que la mayoría de los recursos, está sujeto a la escasez: cada uno cuenta con una determinada cantidad de tiempo a su disposición: 24 horas al día, por una determinada cantidad de días en la vida de cada quien. Si el desperdicio de recursos resulta antieconómico, igualmente resulta la pérdida de tiempo, sobre todo cuando la misma es culpa de alguien más, que nos hace perderlo, lo cual es tanto como hacernos perder vida. Recordemos: 24 horas al día, por una determinada cantidad de días en la vida de cada quien, límite del cual no pasaremos.

El respeto al tiempo ajeno, afirma Moy, es la paz, siendo el tiempo ajeno una de las posibles concreciones del derecho ajeno, respeto al tiempo ajeno que involucra el respeto al derecho a la propiedad privada (se trata del tiempo de cada quien) y el derecho a la libertad individual (se trata del uso que cada quien pueda darle a su tiempo), todo lo cual resulta imposible cuando alguien le hace perder su tiempo a alguien más.

Si por paz entendemos convivencia civilizada, y si la base de dicha convivencia es el respeto a los derechos de los demás (dicho sea de paso: ese, el respeto a los derechos de los demás, es el verdadero precio que hay que pagar por convivir con los demás), comenzando por el respeto a la vida, la libertad individual y la propiedad privada, respetar el tiempo de los demás, no haciéndoselos perder, es respetar, antes que otra cosa, el derecho a la vida, que es el derecho de propiedad privada, y por lo tanto de libertad individual, del tiempo de cada cual: mi tiempo es mi tiempo y, con la única condición de que al hacerlo respete los derechos de los demás, puedo utilizarlo como me dé la gana, y nadie tiene el derecho de hacérmelo perder. Si lo hace no es porque tenga el derecho, sino porque tiene el poder, ¡algo muy distinto!, poder que muchas veces se lo concedemos nosotros mismos, al permitirle que nos mantenga esperando, espera a la que, en muchas ocasiones, tenemos que hacer frente por conveniencia, por ejemplo, cuando quien nos hace esperar es el doctor a quien nos urge ver. En este caso estamos dispuestos a perder algo de tiempo hoy a cambio de más (nos salvó la vida) y/o mejor (nos alivió de alguna enfermedad) tiempo en el futuro, lo cual, sin duda alguna, es una decisión racional, que sin embargo no justifica que el doctor nos haya hecho esperar.

Por ello, pongamos el punto sobre la i.


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