MIÉRCOLES, 7 DE JUNIO DE 2017
El punto sobre la i
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Arturo Damm





“El hombre solamente tiene dos caminos para la adquisición de propiedad y riqueza: la producción o la expropiación.”
Murray Rothbard

Si el ser humano ha de sobrevivir, entonces deberá disponer de los satisfactores indispensables para conseguirlo. Para empezar aire, agua y alimento, tres satisfactores que satisfacen, en ese orden, las necesidades más apremiantes de la persona: respirar, beber y alimentarse. El aire es un bien libre, no sujeto a la escasez: alcanza para todos, en las cantidades que cada uno necesita, y es gratis. El agua y los alimentos, por el contrario, sí son escasos: no alcanzan para todos, menos en las cantidades que cada uno quisiera, y mucho menos gratis. Si el ser humano ha de disponer de ellos para satisfacer sus  necesidades, de alguna manera deberá apropiárselos y, como lo señala Rothbard, solamente hay dos maneras de lograrlo: gracias al trabajo propio o gracias al trabajo de los demás.

Tratándose de la primera posibilidad –gracias al trabajo propio– no hay nada que decir, y menos que objetar, sobre todo si aceptamos, como debe ser, que la persona tiene el derecho al producto de su trabajo, siendo el trabajo (junto con la apropiación originaria, el intercambio, y los distintos tipos de dádiva: regalo, donación, herencia, etc.) una de las maneras lícitas de constituir la propiedad privada.

Tratándose de la segunda posibilidad –gracias al trabajo de los demás– hay dos posibilidades. Primera: que yo, recurriendo al intercambio, le ofrezca al otro algo a cambio de lo que es suyo y yo necesito. Segunda: que yo, recurriendo al robo, le quite al otro lo que es suyo y yo requiero. Con relación a esta segunda posibilidad hay, a su vez, dos posibilidades. Primera: que yo robe directamente. Segunda: que yo robe indirectamente, es decir, que alguien robe por mí. Con relación a esta última posibilidad hay, de nueva cuenta, dos posibilidades. Primera: que el robo sea ilegal, no avalado por alguna ley. Segunda: que el robo sea legal, sí avalado por alguna ley. En ambos casos, ilegal o legal, se trata de una injusticia, de la violación al derecho de propiedad de aquel a quien se le obliga a entregar parte del producto de su trabajo en beneficio de alguien más, debiendo tener muy claro que el problema no está en lo segundo –beneficiar a alguien más– sino en lo primero –obligar a alguien a beneficiar a alguien más–.

De las señaladas en el párrafo anterior, ¿cuál es la manera justa de apropiarse de lo que es propiedad de otro y uno necesita? Solo una: el intercambio, que respeta el derecho de propiedad, por lo que es justo, y que por elevar el bienestar de las partes involucradas, ya que cada una valora más lo que recibe que lo que da a cambio, resulta también, desde el punto de vista estrictamente económico, eficaz. El intercambio es justo y es eficaz.

Hoy la regla es el robo legal, es decir, la redistribución del ingreso, con el gobierno quitándole a X lo que es producto de su trabajo, para darle a Y lo que no es producto del suyo, redistribución del ingreso que, no por ser legal, no por estar avalada por una ley, deja de ser injusta, siendo ejemplo de la expropiación señalada por Rothbard: por obra y gracia de la redistribución del ingreso muchos viven gracias al trabajo de los demás, sin darse cuenta que lo que el gobierno hace es robar por ellos, y justificarlo en nombre de la justicia social, momento de recordar lo dicho por Walter Williams:

“Permítame ofrecerle mi definición de justicia social: Yo me quedo con lo que gano y usted se queda con lo que gana. ¿No está de acuerdo? Bueno, entonces dígame cuánto de lo que gano le ‘pertenece’ y por qué.”

Por ello, pongamos el punto sobre la i.


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