MARTES, 13 DE JUNIO DE 2017
El punto sobre la i
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Arturo Damm








“Los primeros cristianos decían ‘Todo lo mío es tuyo’. Los socialistas dicen ‘Todo lo tuyo es mío’.”
Winston Churchill

Socialismos hay de muchos tipos, como socialistas hay de varios perfiles. Sin embargo, hay un común denominador: la creencia de que, en mayor o menor medida, pero siempre en alguna, y de una u otra manera, pero siempre de alguna, ellos tienen el derecho para disponer del ingreso y patrimonio de los demás, para redistribuirlo con el fin de lograr la justicia social, momento de recordar que si hay algún sustantivo que pierde sustancia cuando se le adjetiva, ese sustantivo es justicia, sobre todo si el adjetivo es social. La justicia, o es justicia sin adjetivos, cualquiera que éste sea (por ejemplo, los clásicos: conmutativa y distributiva, que nos vienen de Aristóteles), o no es justicia, mucho menos entendida como el respeto a los derechos de los demás.

El común denominador de los socialistas es la creencia de que tienen el derecho de disponer, por lo menos, de parte del ingreso y patrimonio de los demás, es decir, del producto del trabajo de los otros, común denominador que comparten con prácticamente todos los otros políticos, ya sean de derecha o de centro, siendo ellos, los socialistas, de izquierda, cualquier cosa que estos términos –derecha, centro, izquierda– signifiquen hoy en día, ya que hay más convergencias que divergencias, siendo estas últimas más de grado, relacionadas con el cómo, que de principio, relacionadas con el qué.

Hoy la principal tarea de los gobiernos es redistribuir. Basta, para comprobarlo, analizar, desde las promesas de los candidatos en campaña, hasta los presupuestos de egresos de los gobiernos. Hoy la principal tarea de los gobiernos, sean de derecha, centro o izquierda, es redistribuir, quitarle a A lo que es producto de su trabajo, para darle a B lo que no es producto del suyo. Se trata de la expoliación legal de la que habló, en la primera mitad del siglo XIX, Federico Bastiat, de quien hay que leer La Ley y El Estado.

¿Está mal que los seres humanos compartamos lo que es nuestro? No, ¡claro que no!, siempre y cuando lo hagamos voluntariamente, a la manera de los primeros cristianos: “Todo lo mío es tuyo”, porque yo así lo quiero. Yo, voluntariamente, comparto lo mío contigo. Se le llama solidaridad. Lo que no es válido es que se haga a la manera socialista, a partir del arbitrario “Todo lo tuyo es mío”, y si no todo por lo menos parte, lo cual no le quita lo injusto al socialismo: se trata de una cuestión de principio, de respeto al derecho a la propiedad, no de grado, de respeto hasta aquí, pero no más allá. Se le llama expoliación legal, que los gobiernos realizan cuando cobran impuestos con fines redistributivos, que se concretan en el llamado gasto social.

El ser humano, ¿debe vivir gracias al esfuerzo propio? Las personas, ¿tienen el derecho al producto íntegro de su trabajo? La ayuda que nos prestemos unos a otros, ¿debe ser voluntaria o impuesta por la fuerza? Si las respuestas son: que el ser humano sí debe vivir gracias al esfuerzo propio; que las personas sí tienen el derecho al producto íntegro de su trabajo; y que la ayuda que nos prestemos los unos a los otros sí debe ser voluntaria, entonces ni el Estado Benefactor, ni el gobierno redistribuidor, tienen razón de ser, ya que ambos obligan a unos (a los que se les quita) a ayudar a otros (a los que se les da), otros que viven gracias al esfuerzo de otros, otros a quienes se les quita parte del producto de su trabajo para dárselo a otros, todo lo cual no es solo injusto, sino ineficaz: ¿qué tanto el Estado Benefactor, y el gobierno redistribuidor, inhiben el esfuerzo personal, la iniciativa individual, para salir adelante?

Por ello, pongamos el puto sobre la i.


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