LUNES, 26 DE JUNIO DE 2017
El punto sobre la i
¿Usted participará en la consulta sobre la construcción del nuevo aeropuerto en la ciudad de México?
No

Arturo Damm





“Confiar nuestro dinero a los gobiernos, es como confiar nuestro canario a un gato hambriento.”
Hans Sennholz

Una de las preguntas más importantes en el ámbito de la economía, cuya respuesta tiene consecuencias, positivas o negativas, sobre el nivel de bienestar de la gente, es ésta: ¿cuál es la regla correcta para la producción de dinero?

El dinero no es riqueza, sino el medio de intercambio de la riqueza. La única necesidad que, de manera directa, satisface el dinero, es la necesidad que tenemos de superar las limitaciones del trueque, para lo cual debemos contar con un medio de intercambio, al cual se le da el nombre de dinero. Ninguna otra necesidad satisface el dinero de manera directa: no es aire, por lo que no satisface la necesidad que tenemos de respirar; no es agua, por lo que no satisface la necesidad que tenemos de beber; no es comida, por lo que tampoco satisface la necesidad que tenemos de comer, aire, agua y alimento que son los tres satisfactores con los que satisfacemos las tres necesidades más apremiantes que tenemos: respirar, beber y comer, siendo que en ello, en los satisfactores, consiste la riqueza.

Necesitamos dinero para superar las limitaciones del trueque. Y si necesitamos dinero necesitamos que alguien lo produzca. Y si alguien lo ha de producir, esa producción debería estar sujeta a reglas estrictas, reglas estrictas que son, precisamente, las que  a quienes lo producen no les conviene respetar. No tengo espacio suficiente para señalar y explicar cuál es la regla que debe seguirse para la producción del dinero (de entrada depende de qué fin se persiga con el sistema monetario, fin que, en esencia, puede ser uno de estos dos: 1) que la unidad monetaria mantenga una equivalencia fija respecto a alguna mercancía, como podría ser el oro o la plata, fin que debe ser el del sistema monetario basado en dinero mercancía; 2) que se preserve el poder adquisitivo del dinero, que con la misma cantidad del mismo se pueda comprar, a lo largo del tiempo, la misma cantidad de bienes y servicios, fin que debe ser el del sistema monetario basado en el dinero fiduciario), por lo que me limito al siguiente comentario.

Quien tenga el poder para producir dinero legal, es decir: el medio de intercambio de la riqueza, puede evitarse el trabajo de producir riqueza, es decir: bienes y servicios. Tal personaje podría disponer del medio de intercambio de la riqueza (podría demandar y comprar bienes y servicios), sin tener que producir, o participar en la producción, de ningún bien o servicio, por lo que podría demandar satisfactores sin tener que ofrecer satisfactores, lo cual no pasaría de ser un fraude. Tal personaje podría comer sin tener que trabajar. Si usted, lector, pudiera producir dinero legal, ¿no caería en la tentación de no trabajar?, momento de recurrir a una de las formulaciones del imperativo categórico de Kant: “Obra sólo según aquella máxima por la cual puedas querer que al mismo tiempo se convierta en ley universal”. Yo, ¿puedo querer que todos tengan el poder para producir dinero legal? No, ya que si así fuera todos producirían el medio de intercambio de la riqueza (dinero) y dejarían de producir riqueza (satisfactores), por lo que seríamos incapaces de satisfacer nuestras necesidades (no habría ni producción ni oferta de satisfactores), con las consecuencias que ello traería consigo.

¿Qué nos garantiza que el gobierno, que es el que tiene el poder para producir dinero legal, no va a hacer un mal uso de ese poder, defraudando a todos?

Necesitamos dinero, y por ello necesitamos que alguien lo produzca. Pero esa producción debe estar sujeta a reglas estrictas. Si se trata de un sistema monetario basado en dinero fiduciario, cuyo fin debe ser que el dinero preserve su poder adquisitivo, esa regla se resume así: la cantidad de dinero deberá aumentar (disminuir) en la misma proporción en la que aumenta (disminuye) la oferta agregada. Hoy, esta regla, ¿se cumple? No.

Por ello, pongamos el punto sobre la i.


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