LUNES, 3 DE JULIO DE 2017
El punto sobre la i
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No
No sé

Arturo Damm





“La izquierda (libertad social) y la derecha (libertad económica) son perfectamente compatibles. Juntas hacen liberalismo.”
Jorge Triana

La libertad social más la libertad económica, más toda otra libertad imaginable y practicable, todas perfectamente compatibles, dan como resultado el liberalismo, sobre todo si por tal entendemos el marco institucional, desde costumbres hasta normas jurídicas, que reconocen plenamente, definen puntualmente, y garantizan jurídicamente, la libertad de la persona, con un solo límite: el respeto a los derechos de los demás. Respetando los derechos de los demás, ¡haz lo que quieras! Tal es la esencia del liberalismo, expresada en diez palabras.

La libertad social (libertad sobre todo moral, de costumbres) combinada con la libertad económica (libertad para producir, intercambiar y consumir), puede dar como resultado el liberalismo. Sin embargo, la izquierda combinada con la derecha (cualquier cosa que esa combinación signifique), no puede dar como resultado al liberalismo, que es libertad social (muchas veces cuestionada por la derecha) y libertad económica (muchas veces cuestionada por la izquierda), pero también propiedad privada y responsabilidad personal, que son cuestionadas, de manera distinta, pero cuestionadas, tanto por la izquierda (por ejemplo la comunista), como por la derecha (por ejemplo la fascista).

Si la izquierda se limitara a defender la libertad social, y la derecha se redujera a salvaguardar la libertad económica, entonces la combinación de las dos, izquierda y derecha, sí daría como resultado al liberalismo. Pero no es así. No ha sido así: en muchos casos la izquierda ha sido intolerante con ciertas costumbres (libertad social) cuyo ejercicio no supone la violación de los derechos de nadie (ejemplo: la postura del socialismo castrista frente a la homosexualidad), de la misma manera que la derecha ha limitado las libertades económicas (ejemplo: el fascismo, que consolidó al Estado Corporativo, esencialmente antiliberal, y no lo digo yo, sino el mismísimo Mussolini: “El fascismo rechaza frontalmente las doctrinas del liberalismo, tanto en el campo político como económico’’, sin pasar por alto a Hitler: “Somos enemigos del sistema económico capitalista’’, capitalismo que es la dimensión económica del liberalismo).

Insisto: si la izquierda se limitara a defender la libertad social, y la derecha la libertad económica, entonces la combinación de las dos, izquierda y derecha, es decir: libertad social y libertad económica, podría dar como resultado al liberalismo. La cuestión es que no debemos identificar a la izquierda con la defensa de la libertad social, y con nada más, tampoco debemos identificar a la derecha con la libertad económica, y con nada más. Es más, ni la defensa de la libertad social es la esencia de la izquierda, ni la defensa de la libertad económica lo es de la derecha. Ambas, derecha e izquierda, ¡y allí está la historia para comprobarlo!, son esencialmente contrarias a la libertad individual, a veces en lo social, a veces en lo económico, a veces en lo social y en lo económico, ¡y no digamos en lo político o en lo religioso!, pero siempre, de una u otra manera, en mayor o menor medida, contrarias a esa libertad individual, la de la persona que tiene la capacidad para decidir y elegir, y a la que debe recocérsele el derecho a actuar según lo que ha decidido y elegido, con un único límite: que al hacerlo respete los derechos de los demás.

Históricamente, ¿en qué sistema político, de derecha o izquierda, la gente ha podido vivir de acuerdo a este principio: “Respetando los derechos de los demás, ¡haz lo que quieras!”?

Termino citando a José Torra: “Izquierda y derecha tratan sobre el control, no sobre la libertad. Juntas no hacen liberalismo, hacen totalitarismo”.

Por ello, pónganos el punto sobre la i.


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