LUNES, 4 DE SEPTIEMBRE DE 2017
El punto sobre la i
Usted cree que en estos momentos México es...
Un país estable y sin crisis
Un país en bancarrota

Arturo Damm





“El poder cambia de aspecto, pero no de naturaleza.”
Bertrand de Jouvenel

¿Qué es el poder? Según el diccionario éstas son algunas posibles repuestas: “tener expedita la facultad para hacer algo”, o “tener facilidad, tiempo o lugar de hacer algo”, o “ser más fuerte que alguien, ser capaz de vencerlo”, o “aguantar o soportar a alguien o algo que producen rechazo”, o “ser contingente o posible que suceda algo”, poder que, según de Jouvenal, cambia de aspecto, pero no de naturaleza, pudiendo aparecer más o menos amenazante, pero siempre amenazante, sobre todo cuando del poder gubernamental se trata, cuya naturaleza, más allá de su aspecto, debe quedar perfectamente bien acotada si no ha de degenerar en un poder tiránico que viola los derechos de los ciudadanos, tal y como sucede una y otra vez, algo que, por lo general, pasa desapercibido.

¿En qué consiste el poder del gobierno, de cualquier gobierno, independientemente de cómo haya llegado el gobernante al mismo, al margen de cómo esté dividido ese poder, independientemente de cuántos lo ejerzan? Más allá de su aspecto (lo accidental), ¿cuál es la naturaleza (lo esencial) del poder gubernamental? La misma de cualquier otro tipo de poder: ser más fuerte que alguien, ser capaz de vencerlo. ¿Quién es ese alguien con relación al cual el gobierno es más fuerte y, por ello, capaz de vencerlo? El ciudadano, quien, en la mayoría de las veces, dado los excesos y defectos en la práctica del poder gubernamental, tendrá que aguantar o soportar a alguien o a algo que le produce rechazo, pudiendo darse el caso, si los excesos y defectos del gobierno llegan a ser insoportables, que entonces el ciudadano tenga que echar mano de su poder, que es el de ser más fuerte que el gobierno, y lo venza.

El poder del gobierno es el poder de obligar, prohibir y castigar. Al margen de cómo (democráticamente o no) haya llegado el gobernante al poder, independientemente de cómo esté dividido (o no) ese poder, y al margen de cuántos (uno, pocos, muchos) lo ejerzan, el poder del gobierno es el poder para obligar, prohibir y castigar, poder con relación al cual hay que preguntar lo siguiente: ¿qué es aquello a lo que, legítimamente, se le puede obligar a una persona?, ¿qué es aquello que, con justicia, se le puede prohibir a una persona?, ¿qué es aquello por lo cual, sin abusar, se debe castigar a una persona? Dicho de otra manera: ¿cuáles son las legítimas tareas del gobierno, aquellas que debe realizar con honestidad y eficacia, aquellas que no implican ni excesos ni defectos en el ejercicio de su poder?

Cuatro son las posibilidades en el ejercicio del poder gubernamental: 1) que le prohíba a X hacerle daño a Y y que lo castigue si lo hace (primera combinación prohibir castigar); 2) que le prohíba a X hacerse daño a sí mismo y que lo castigue si se lo hace (segunda combinación prohibir castigar); 3) que obligue a X a hacerle el bien a Y y que lo castigue si no se lo hace (primera combinación obligar castigar); 4) que obligue a X a hacerse el bien a sí mismo y que lo castigue si no se lo hace (segunda combinación obligar castigar).

De estas cuatro posibilidades, ¿cuáles suponen un uso legítimo del poder gubernamental? Para responder correctamente preguntémonos en cuál de los cuatro casos se justifica que una persona cualquiera ejerza poder sobre cualquier otra, aceptando que nada que una persona no deba hacerle a otra debe hacerlo el gobierno. Respuesta: solamente en el primero. Cualquier persona tiene el derecho de prohibirle a otra que la dañe, pero no de prohibirle que se dañe a sí misma, no de obligarla a hacerle el bien, no de obligarla a hacerse el bien. Si ninguna persona tiene tales derechos, tampoco los tiene el gobierno. Y, sin embargo, la gran mayoría de los gobernantes creen tenerlos, creencia avalada en muchos casos por las leyes, que resultan leyes injustas.

Por ello, pongamos el punto sobre la i.


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