LUNES, 19 DE MARZO DE 2018
El punto sobre la i
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No
No sé

Arturo Damm





“Lamentar que un capitalista obtenga elevadas ganancias es como lamentar que un cirujano salve muchas vidas.”
Robert P. Murphy

El objetivo de un empresario (el capitalista al que se refiere Murphy), debe ser (porque puede no serlo, caso en el que estaría cometiendo un grave error), no solo generar utilidades sino maximizarlas. Criticarlo y condenarlo por ello es resultado, o de la ignorancia, o de la mala fe.

Lo primero que hay que tener en cuenta es que la utilidad es la remuneración propia del empresario, como el salario es del trabajador, la tasa de interés del prestamista, la renta del arrendador, etc. ¿Tiene algo de malo que el trabajador, el prestamista, el arrendador, intenten maximizar su remuneración? ¿No? Entonces, ¿por qué tendría algo de malo que el empresario intentara lo mismo?

Lo segundo que hay que tener en cuenta es que la causa de la utilidad del empresario es que éste haya respondido correctamente las preguntas qué producir y cómo producirlo. ¿Qué debe producir y ofrecer la empresa? Bienes y servicios que los consumidores aprecien, es decir, por los que estén dispuestos a pagar un precio que, por lo menos, alcance para cubrir el costo de producción. ¿Cómo debe producirlos? Al menor costo posible, es decir, con la mayor productividad posible, definida como la capacidad para hacer más con menos.

Lo tercero que hay que tener en cuenta es la diferencia entre la ganancia normal y la extraordinaria. La normal forma parte del costo de producción, como lo forman todas las remuneraciones de todos los agentes económicos que aportan factores de la producción a la producción de satisfactores, siendo que el empresario aporta el factor empresarial, sin el cual no habría ni producción, ni oferta, ni venta. Todo lo que exceda de la ganancia normal es ganancia extraordinaria y depende del máximo precio que el comprador esté dispuesto a pagar por lo que se le ofrece. Dicho sea de paso: si el comprador pagó ese precio es porque valora más lo que recibe que aquello a lo que renuncia, por lo que, gracias al bien o servicio que el empresario le vendió, eleva su nivel de bienestar.

Lo cuarto que hay que tener en cuenta es que la ganancia extraordinaria, consecuencia de la intención del empresario, no de obtener nada más la ganancia normal, sino de maximizar su utilidad, es lo que le permite, uno, disponer de recursos para reinvertir, ya sea para mantener la producción o para incrementarla, y, dos, contar con un margen de maniobra para, sin incurrir en pérdidas, reduciendo la ganancia extraordinaria pero no eliminando la ganancia normal, reducir el precio al que ofrece y ser más competitivo, sobre todo cuando la competencia arrecia y amenaza con sacarlo del mercado.

Lo quinto que hay que tomar en cuenta, derivado de lo dicho en el párrafo anterior, es que las ganancias extraordinarias, consecuencia de la intención del empresario de maximizar sus utilidades, no sólo lo benefician a él sino también a los consumidores, quienes al pagar el precio con el que se maximizan le proporcionan al empresario los recursos para sostener y/o aumentar la producción en beneficio de ellos. Al final de cuentas, como debe ser, son los consumidores quienes, pagando el precio de lo que se produce y ofrece, financian la producción y oferta de bienes y servicios.

Las ganancias extraordinarias del empresario son una muestra del buen estado de una economía. Economía en la cual el empresario obtiene nada más la ganancia normal es una economía destinada al estancamiento primero, al retroceso después, a la desaparición al final. Tal es la importancia de las ganancias extraordinarias. Tal es la importancia del afán maximizador del empresario.

Por ello, pongamos el punto sobre la i.


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