JUEVES, 12 DE ABRIL DE 2018
El punto sobre la i
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No
No sé

Arturo Damm





“Iussum quia bonum, prohibitum quia malum.”
Tomás de Aquino

“Un acto es ordenado porque es bueno, prohibido porque es malo”, afirma Santo Tomás de Aquino (1225 – 1274). Para Guillermo de Ockam (1285 – 1347) Bonum quia iussum, malum quia prohibitum, es decir, “Un acto es bueno porque es ordenado, malo porque es prohibido”. ¿Quién tiene la razón?

Al margen del contexto histórico en el cual surgieron tales afirmaciones, e independientemente de las discusiones que ocasionaron frente al positivismo jurídico vigente hoy, cuya tesis apunta que es justo lo que es ley, y por lo tanto el legislador, dice que es justo, identificando legalidad con justicia, debemos retomar el tema para evitar lo que Federico Bastiat, en el siglo XIX, señaló: “La ley ¡pervertida! La ley, y tras ella todas las fuerzas colectivas de la nación, ha sido apartada de su finalidad y aplicada para contrariar su objetivo lógico. ¡La ley convertida en instrumento de todos los apetitos inmoderados, en lugar de servir como freno! ¡La ley realizando ella misma la iniquidad de cuyo castigo estaba encargada! Ciertamente se trata de un hecho grave, como pocos, sobre el cual me permito llamar la atención de mis conciudadanos”.

¿Qué es primero, la justicia o la ley positiva? Entiendo por justicia, con Ulpiano, la constante y perenne voluntad de dar a cada quien lo suyo, siendo lo suyo de cada quien el derecho de cada cual. La justicia es el respeto a los derechos de los demás. Entiendo por ley positiva, con Bastiat, la norma jurídica redactada, expedida y promulgada por el ser humano, con el fin de establecer los límites de la conducta, que se encuentran en los derechos de los demás, de tal manera que la ley positiva debe prohibir solamente las acciones que violan los derechos de terceros.

¿Por qué necesitamos leyes positivas (que no hay que confundir con positivistas), y por lo tanto alguien que las redacte, expida y promulgue, vigile su cumplimento y castigue al infractor? Porque el ser humano debe actuar justamente, respetando los derechos de los demás, deber que puede conocerse por medio de la ley natural, siendo conveniente dejarlo por escrito, para lo cual hace falta la ley positiva, que tiene sentido si se le hace caso a Aquino  –un acto es prohíbo porque es malo–, no a Ockam –un acto es malo porque es prohibido–.

Aceptando que la razón la tiene Aquino y no Ockam, debemos preguntarnos si todo lo bueno debe ser obligatorio y todo lo malo prohibido, en cada caso por ley positiva. No. Nada de lo bueno debe ser obligatorio por ley positiva, siendo obligatorio solamente por ley moral. Solo el mal que viola derechos de terceros, que pueden ser naturales o contractuales, debe ser prohibido por ley positiva.

Debe reducirse el campo de aplicación de la ley positiva a las conductas que violan derechos de terceros, que son las conductas delictivas por su propia naturaleza, únicas que deben ser prohibidas por ley positiva y sancionadas por la autoridad gubernamental.

Lo dicho por Ockam es la esencia del iuspositivismo, que pone a los ciudadanos en las manos arbitrarias del legislador, quien define lo que es bueno (justo) y malo (injusto), al margen de lo que realmente es justo (bueno) o injusto (malo), positivismo jurídico que hoy sigue vigente. Lo dicho por Aquino es la esencia del iusnaturalismo, que evita que los ciudadanos queden a merced de las arbitrariedades del legislador, quien no debe definir lo que es justo o injusto, sino reconocerlo en la realidad de la conducta humana y actuar en consecuencia, redactando, expidiendo y promulgando leyes justas, que son las que reconocen, definen y garantizan los derechos de la persona, no las que los crean arbitrariamente.

Por ello, pongamos el punto sobre la i.


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