MIÉRCOLES, 2 DE MAYO DE 2018
El punto sobre la i
¿A usted le parece buena idea desperdigar el gobierno?
No
No sé

Arturo Damm





“Si el pueblo fuera uno, monolítico, sin fisuras; si encarnara una sola voluntad, un mismo proyecto y hasta una única sensibilidad; entonces, toda la parafernalia democrática sobraría, estaría de más, estorbaría.”
José Woldenberg

Si el pueblo fuera persona, definida según Boecio y Tomás de Aquino como la “sustancia individual de naturaleza racional”, sería un ser que es principio y fin de sus acciones, completo y unitario, individual y subsistente, y entonces sería como lo describe Woldenberg: uno, monolítico, sin fisuras, con una sola voluntad, con un solo proyecto, por lo que no habría distinción, ni lógica ni real, entre el pueblo y alguien más, por lo que, estrictamente hablando, no habría alguien por quién votar, ni alguien capaz de votar. No habría, porque no haría falta, democracia ni parafernalia democrática, como no la hay en nosotros mismos con relación a nosotros mismos. Y no la hay porque somos personas.

¿Cuál es la razón de ser de la democracia? No el pueblo, mucho menos el Pueblo con mayúscula, sino las personas. El pueblo, con minúscula o mayúscula, es una abstracción. La persona es real. El pueblo, según una de las definiciones del Diccionario de la Lengua Española de la Real Academia de la Lengua, definición que es la que viene a cuento para este artículo, es “el conjunto de personas de un lugar, región o país”, pueblo que es singular (se habla del pueblo, así, en singular), personas que son plurales (cuando de un lugar, una región o un país se trata se habla de las personas, así, en plural).

El pueblo, sobre todo cuando de temas políticos se trata, es más un conjunto de personas que una comunidad de personas, y en lo único que debe haber comunión es en la manera de resolver sus diferencias políticas. La mejor manera es la democrática: el voto y el respeto al voto.

La razón de ser de la democracia no es el pueblo sino las personas, sobre todo si por democracia entendemos lo más característico de la misma, su esencia: el sufragio, el voto, la elección. Ésta, preguntarles a las personas qué quieren, y respetar su respuesta, es la esencia de la democracia.

¿Cuál es la razón de ser de la elección, del voto, del sufragio? Las personas no el pueblo; las diferencias no la uniformidad; la existencia de varios partidos políticos, no de uno solo; la existencia de varios proyectos de gobierno, no de uno solo; la existencia de varios candidatos, no de uno solo, y lo más importante: la convicción de que la manera civilizada para decidir cuál de esas opciones deberá gobernar es por medio de la votación, que al final de cuentas es una cuestión objetiva: sumar los votos.

Cuando el político en campaña habla del pueblo y le habla al pueblo lo concibe como una persona, como un ser que es el principio y el fin de sus acciones; como un ser completo y unitario; como un ser individual y subsistente, con relación al cual él es distinto, alguien separado y, si se trata de un populista, capaz de conocer y encarnar la voluntad del pueblo, identificándose imaginariamente con el pueblo, que para entonces ya será el Pueblo, ¡con mayúscula!, momento a partir del cual el populista comenzará a hablar en nombre del Pueblo.

Los políticos en general, y los populistas en particular, conciben al pueblo, no como el conjunto de personas del país, sino como una persona, como alguien que es principio y fin de sus acciones, completo y unitario, individual y subsistente, ficción que se desvanece el día de las elecciones, que tienen su razón de ser, no en el Pueblo concebido como una persona, sino en las personas reconocidas como diferentes, diferencias que, cuando de las preferencias políticas se trata, hay que resolver pacíficamente, y para eso está la democracia en su dimensión esencial: el sufragio, la votación, al elección, la pregunta, todo lo cual encuentra su razón de ser, no en la igualdad, sino en la diferencia, no en el pueblo, mucho menos en el Pueblo, sino en las personas, algo que la retórica populista niega convenciendo a muchos.

Por ello, pongamos el punto sobre la i.


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