LUNES, 11 DE JUNIO DE 2018
El punto sobre la i
¿Ud. cree que desde el poder civil se les debe decir a los ciudadanos qué es y qué no es moralmente aceptable y permitido a través de una "constitución moral"?
No
No sé

Arturo Damm





“Si crees en la igualdad de derechos, entonces ¿qué significa ‘derechos de las mujeres’, ‘derechos de los homosexuales’, etc.? O son redundantes o son violaciones del principio ‘derechos iguales para todos’.”
Thomas Sowell

Los derechos son de las personas, por el hecho de ser personas, no por el hecho de ser hombres o mujeres; heterosexuales u homosexuales; blancos, amarillos o negros; judíos, cristianos o musulmanes; mexicanos, estadounidenses o canadienses; arquitectos, abogados o médicos; mecánicos, plomeros o carpinteros, o cualquier otra diferencia accidental de las muchas que existen entre los seres humanos, diferencias accidentales que tienen su soporte en la igualdad esencial de los seres humanos, en la naturaleza humana que compartimos todos.

Hombres o mujeres; heterosexuales u homosexuales; blancos, amarillos o negros; judíos, cristianos o musulmanes; mexicanos, estadounidenses o canadienses; arquitectos, abogados o médicos; mecánicos, plomeros o carpinteros, etc., todos tenemos algo en común; somos seres humanos, compartimos la misma naturaleza, participamos de la misma esencia, y ello, la igualdad esencial, y no las diferencias accidentales, es el fundamento de los derechos, que siempre lo son de la persona como tal, no de la persona en función de su preferencia sexual, raza, religión, nacionalidad, profesión, oficio, etc.

Tres son los derechos naturales de la persona, aquellos con los que es concebida y con los cuales muere: vida, libertad y propiedad, en función de los cuales, siempre y cuando al hacerlo respete los mismos derechos (¡los mismos!) en todas las demás personas (¡en todas las demás!), puede hacer lo que le dé la gana, enfrentando el riesgo que ello conlleva, asumiendo la responsabilidad que ello genera.

Siempre que se habla del derecho de la mujer a X, o del derecho del homosexual a Y, o del derecho de los negros a Z, de lo que se habla es del derecho de cada uno de ellos, o a la vida, o la libertad, o a la propiedad, en las circunstancias concretas que enfrenta en ese momento esa mujer, ese homosexual, ese negro.

Una persona no tiene derechos por el hecho de ser hombre o mujer; heterosexual u homosexual; blanco, amarillo o negro; judío, cristiano o musulmán; mexicano, estadounidense o canadiense; arquitecto, abogado o médico; mecánico, plomero o carpintero. Una persona tiene derechos por el hecho de ser persona, derechos que deben reconocerse plenamente, definirse puntualmente y garantizarse jurídicamente. Los verdaderos derechos no se crean, se aceptan y respetan.

Los verdaderos derechos no se crean, y si alguien (por lo general el gobierno) le dice a alguien más (por lo general un ciudadano), tal y como sucede con frecuencia, lo cual ha dado como resultado, no el Estado de Derecho, sino el Estado de derechos, que le ha creado un derecho, lo que realmente ha hecho es satisfacerle una necesidad y/o defenderle un interés, ¡algo distinto!

Los verdaderos derechos ni se crean ni se destruyen, se respetan o se violan, algo distinto. Para que alguien respete o viole el derecho de alguien más es necesario que ese derecho exista, y para garantizar su respeto es necesario que se reconozcan plenamente, definan puntualmente y garanticen jurídicamente, consistiendo en ello la tarea del gobierno.

Los verdaderos derechos son de la persona como tal, algo que hoy muchos no aceptan. En ello consiste la diferencia entre el Estado de Derecho y el Estado de derechos, que termina siendo Estado de chueco.

Por ello, pongamos el punto sobre la i.


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