LUNES, 2 DE JULIO DE 2018
El punto sobre la i
Usted cree que en estos momentos México es...
Un país estable y sin crisis
Un país en bancarrota

Arturo Damm





“La democracia también se trata de decir NI MODO y encomendarse a todas las deidades.”
Bárbara Hoyo

Tal y como se practica hoy la democracia, sin tener una idea clara de qué es lo que el gobierno debe hacer, y con la creencia generalizada de que basta que el poder legislativo redacte y emita una ley, y que el ejecutivo la promulgue, para que lo que la ley ordena o prohíbe sea justo, y por lo tanto obligatorio, la democracia supone, si el resultado no fue aquel por el que votaste, decir ni modo, aceptarlo con resignación, y esperar hasta la próxima elección. El verdadero demócrata se resigna y espera, trata de convencer a los demás, y vota cuantas veces sean necesarias.

Todo lo anterior con relación al verdadero demócrata, que puede actuar en una democracia falsa, tramposa, abusiva, arbitraria, timadora, adulterada o, en una sola palabra que sintetiza todo lo anterior, injusta, en la cual, además de decir ni modo, tendrá que encomendarse a todas las deidades. ¿Para qué? Para que el gobierno electo democráticamente no actúe de manera injusta, actuación injusta que, por lo ya dicho en el sentido de que no se tiene una idea clara de lo que el gobierno debe hacer o no, y de que basta que una ley haya sido redactada, emitida y promulgada con todas las de la ley para que deba ser considerada justa y por ello obligatoria, bien puede ser la regla y no la excepción, tal y como sucede hoy.

Hoy los ciudadanos padecemos una creencia falsa: que la mayoría, por serlo, tiene el derecho de decidirlo todo, ya sea la mayoría de ciudadanos eligiendo gobernantes, ya sea la mayoría de legisladores decidiendo qué ley sí se expide y qué ley no se expide. El criterio de decisión es “la mayoría”, como si ello garantizara leyes justas y gobiernos honestos y eficaces, capaces de hacerlas valer.

La democracia, sobre todo en su parte esencial, que es la electoral, debe limitarse a la elección de gobernantes, tanto para el poder ejecutivo, como para el legislativo, pero las tareas del gobierno, lo que el gobierno debe hacer, ¡que nunca hay que confundir con lo que el gobierno puede hacer!, debe estar perfectamente delimitado, y esa delimitación no debe ser, por más que pueda serlo, y en la mayoría de los casos sea, decidida por una mayoría, ni de ciudadanos, ni mucho menos de legisladores. Delimitar, en función del deber ser, no de alguna voluntad mayoritaria, el quehacer del gobierno es la condición necesaria para que la democracia funcione correctamente, para que no dé lugar a gobiernos que, con una mano en la cintura, y la otra en las leyes, comenzando por las constituciones, puedan, legalmente, violar los derechos de los ciudadanos. En teoría así debe ser. En la práctica no resulta fácil.

Para lograrlo hay que responder correctamente a la pregunta, no qué puede hacer el gobierno, sino qué debe hacer el gobierno, pregunta que nos plantea estas otras: ¿existe una manera objetiva de responder la pregunta por la legítima tarea del gobierno? y, suponiendo que exista, ¿los gobernantes están dispuestos a limitar su actuación a esos limites?

Mientras no se tenga la respuesta correcta a la pregunta ¿qué debe hacer el gobierno?, y el gobierno haga más de lo que debe, Hoyo tendrá razón: la democracia también se trata de decir NI MODOy encomendarse a todas las deidades para que nos protejan de los gobiernos que, con todas las de la ley, hacen más de lo que deben. ¿Cuál es el problema? Que siempre que lo hacen terminan violando derechos de alguien.

Por ello, pongamos el punto sobre la i.


 Comentarios al artículo...
Comments powered by Disqus