JUEVES, 9 DE AGOSTO DE 2018
El punto sobre la i
¿Cómo percibe usted el inicio del actual sexenio?
Claro y esperanzador
Oscuro y amenazador

Arturo Damm





“Quien emprende no depende.”
Pablo Arosemena

¿Qué significa emprender? Según el Diccionario de Real Academia Española, “acometer y comenzar una obra, un negocio, un empeño, especialmente si encierran dificultad o peligro”. ¿Quién es el emprendedor? Según el mismo diccionario, “quien emprende con resolución acciones o empresas innovadoras”.

A partir de las dos definiciones podemos afirmar que el emprendedor por excelencia es el empresario, a quien el mentado diccionario define como el “titular propietario o directivo de una industria, negocio o empresa”, definición que, con la intención de precisar, debe quedar así, “propietario de una empresa”, empresa sin la cual no puede haber empresario, pero no siendo la propiedad de la empresa lo que define esencialmente al empresario, sino lo que hace en la empresa: producir y ofrecer bienes y servicios para que los consumidores satisfagan necesidades, gustos, deseos y caprichos y, todavía mejor, inventar mejores maneras de satisfacer las necesidades, gustos, deseos y caprichos de los consumidores, es decir, inventar mejores satisfactores, inventar bienes y servicios más eficaces para satisfacer las necesidades, los gustos, los deseos y los caprichos de los consumidores.

Una de las características del empresario es que crea su empleo, para lo cual, dado que solo no puede operar su empresa, debe crear empleos para los demás. Es en este sentido que hay que entender la frase de Arosemena: quien emprende no depende. El empresario, que es el emprendedor por excelencia, no depende de alguien más para conseguir trabajo, porque él crea su propio puesto de trabajo.

En otro sentido, el empresario, que es el emprendedor por antonomasia, ¡vaya que depende de los demás! ¿De quiénes? De los consumidores, para quienes produce y ofrece bienes y servicios, oferta de satisfactores frente a la cual los consumidores deciden si compran o no, decisión de la cual depende la permanencia de la empresa y, por lo tanto, la sobrevivencia del empresario, a quien más le vale servir a los consumidores como los consumidores quieren ser servidos.

Del empresario depende, unilateralmente, la decisión de producir y ofrecer, pero no la de vender, venta que tendrá lugar sí y solo sí el consumidor decide comprar, para lo cual la oferta de lo producido debe cumplir con la trilogía de la competitividad: menor precio y/o mayor calidad y/o mejor servicio.

Una empresa, y por lo tanto el empresario, sobrevive hasta que los consumidores quieren. El reto del empresario, y por lo tanto de la empresa, es que el consumidor compre su producto, lo consuma, quede satisfecho, lo vuelva a comprar y a consumir y, de ser posible, se lo recomiende al vecino, ya que no hay mejor publicidad que la hace el consumidor.

Entiendo el sentido en el que Arosemena dice que el que emprende no depende, pero también sé, porque él es empresario, que Arosemena sabe que el que emprende, sobre todo tratándose del empresario, depende del consumidor, quien, frente a lo que el empresario la ofrece, aun en el caso de que la oferta sea monopólica, y aun en el caso de que lo ofrecido sea un bien o servicio de primera necesidad, decide si compra o no, decisión de la cual depende, tanto la permanencia de la empresa, como la sobrevivencia del empresario.

No es el empresario, sino el consumidor, quien tiene la última palabra, algo que no muchos reconocen o aceptan.

Por ello, pongamos el punto sobre la i.


 Comentarios al artículo...
Comments powered by Disqus