LUNES, 3 DE SEPTIEMBRE DE 2018
El punto sobre la i
¿Cómo percibe usted el inicio del actual sexenio?
Claro y esperanzador
Oscuro y amenazador

Arturo Damm





“La democracia no es libre: es mayoritaria. Y las mayorías pueden ser tiránicas.”
Juan Ramón Rallo

Lo primero que hay que tener en cuenta es que lo propio del ser humano es estar gobernado por leyes, no por hombres, por más que sean los hombres quienes hagan las leyes. Lo segundo que no hay que olvidar es que las leyes deben ser justas, siendo tales las que reconocen plenamente, definen puntualmente y garantizan jurídicamente los derechos de las personas, que van desde los naturales, aquellos con los que la persona es concebida, comenzando por el derecho a la vida, hasta los contractuales, aquellos que la persona adquiere por así haberlo convenido con alguien más, como es el caso de los derechos comerciales. Lo tercero que no debe pasarse por alto es que, además de leyes justas, se requiere de autoridades honestas y eficaces que las hagan valer, lo cual es tanto como hacer valer los derechos de las personas, autoridades que incluyen policías, que vigilen el cumplimiento de las layes y detengan a quienes las violen; jueces, que determinen si el acusado de haber violado una ley, y por lo tanto algún derecho, es culpable o no; y verdugos, encargados de aplicar el castigo al violador.

Nada de lo anterior debe sujetarse a la voluntad  mayoritaria, es decir, a la democracia. No se les debe preguntar a los ciudadanos si quieren o no estar gobernados por leyes. No se les debe preguntar si dichas leyes debe ser justas y reconocer plenamente, definir puntualmente y garantizar jurídicamente los derechos de las personas. No se les debe preguntar si las autoridades deben ser honestas y eficaces. El ser humando debe estar gobernado por leyes, no por hombres, las leyes deben ser justas, y las autoridades honestas y eficaces, al margen de lo que opine la mayoría, que no por serlo tiene, ni la verdad, ni la razón, por lo que, como lo apunta Rallo, puede ser tiránica.

Lo que justifica el quehacer del gobierno, cuyos tres principales poderes son prohibir, obligar y castigar, es decir, eliminar o limitar la libertad individual, no es la voluntad de la mayoría: lo que el gobierno hace es correcto porque la mayoría lo aprueba, sino la justicia: lo que el gobierno hace es correcto, primero, porque no viola los derechos de los ciudadanos y, segundo, porque prohíbe la violación de esos derechos; porque trata de evitarla; porque, de no conseguirlo, castiga al violador.

¿Qué quiere decir Rallo al afirmar que la democracia no es libre sino mayoritaria? Que allí donde hay democracia, que allí donde decide la mayoría, en ciertos ámbitos, como lo es el de la política y el gobierno, la minoría perdedora debe someterse a la voluntad de la mayoría ganadora, por lo que, al menos con relación a lo que se decidió y eligió, la minoría perdedora debe someterse, sometimiento que, si se aceptan las reglas de la democracia es voluntario, pero sometimiento al final de cuentas.

¿Qué se requiere para que ese sometimiento no sea perjudicial? Lo ya dicho: que gobiernen las leyes, no los hombres; que las leyes sean justas; que las autoridades sean honestas y eficaces. Con otras palabras, que haya Estado de Derecho, definido como el gobierno de las leyes justas. La democracia, la voluntad de la mayoría, ¿siempre da como resultado el Estado de Derecho? No, de ninguna manera, por lo que la democracia, la voluntad de la mayoría, debe acotarse a los estrechos límites del Estado de Derecho, y escribo estrechos porque el reto no es que gobiernen las leyes, sino que las leyes sean justas, debiendo distinguirse entre legalidad y justicia, legalidad que puede ser injusta, injustica que puede ser el resultado de la democracia, de la voluntad de la mayoría, como ha sucedido más de una vez a lo largo de la historia.

Por ello, pongamos el punto sobre la i.


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