VIERNES, 24 DE MAYO DE 2013
Reforma fiscal y progreso económico (XIX)

¿Ud. está de acuerdo en que el gobierno mexicano regale 100 millones de dólares a gobiernos centroamericanos para frenar la inmigración?
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“Incluso si la ausencia de gobierno realmente significara anarquía en un sentido negativo y desordenado, que está lejos de ser el caso, incluso entonces, ningún trastorno anárquico podría ser peor que la posición a la que el gobierno ha dirigido a la humanidad.”
Leon Tolstoy

Arturo Damm







“Si algún contribuyente evade el pago de impuestos -en el esquema del IUV- se le debe castigar severamente, sanción rigurosa que ocasionaría entre los contribuyentes un efecto disuasivo eficaz.”


En la última entrega expliqué –a partir de la fórmula M = CD x 1/P, en donde M es la multa a pagar, CD la cantidad defraudada al fisco, y 1/P la inversa de la probabilidad de que la evasión sea detectada– de qué manera se castigaría, suponiendo el cobro del Impuesto Único a las Ventas, IUV, al evasor fiscal, castigo que, en el ejemplo utilizado, en el cual la probabilidad de detectar la evasión resulta baja (20 por ciento), resultaría en un multa muy considerable: $5,000.00 por cada $1,000.00 evadidos, lo cual puede considerarse excesivo, momento de recordar que el objetivo es que la multa sea tan elevada que el evasor potencial la piense bien antes de evadir el pago de impuestos que, con el IUV, sería solamente uno y, según los cálculos hechos en la cuarta entrega de esta serie, de solamente 9.6 por ciento[1], de tal manera que se cumplen las tres condiciones que generan la obligación moral de pagar impuestos: 1) que sean pocos (en el caso del IUV sería solamente uno); 2) que las tasas sean bajas (en el caso del IUV sería del 9.6 por ciento); 3) que su cálculo y pago sea lo más sencillo posible (no siendo posible mayor sencillez que la que presenta el IUV). Si, cumpliéndose estas tres condiciones, algún contribuyente evade el pago de impuestos se le debe castigar severamente, sanción rigurosa que, entre otras cosas, ocasiona, entre los contribuyentes potencialmente evasores, un efecto disuasivo eficaz, lo cual supone que la autoridad aplica la multa sin miramientos de ninguna especie: a todos por igual, sin perdones o prórrogas, sin quitas o condonaciones.

La idea es que, en el mejor de los casos, el contribuyente evasor pague de multa, por lo menos, una cantidad igual a la evadida, lo cual se logra con la fórmula M = CD x 1/P. Supongamos que la probabilidad de que la evasión sea detectada es del 100 por ciento, de tal manera que el evasor no se sale con la suya, y que la cantidad evadida sea, nuevamente, de $1,000.00. ¿Cuál sería la multa a pagar? Hagamos la operación: $1,000.00 x 1/1 = $1,000.00, de tal manera que el evasor termina pagando $1,000.00 de la multa más otros $1,000.00 equivalentes a la cantidad evadida. Claro que, si la probabilidad de ser detectado al evadir el pago de impuestos es del 100 por ciento, todo contribuyente sabe que no se saldrá con la suya, y cada contribuyente, si no quiere acabar pagando el doble de lo que debe pagar, pagará lo que debe pagar, que, ¡y esto es lo que hay que tener en cuenta!, con el IUV no resulta excesivo: el 9.6 por ciento de sus ventas, ¡y nada más! Se trata del Impuesto UNICO a las Ventas.

Continuará.


[1] En 2012, con un IUV del 9.6 por ciento, el Gobierno Federal hubiera recaudado lo mismo que recaudó con el cobro de 15 impuestos distintos, lo cual da una idea del engendro tributario que padecemos.
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